Premonitor por excelencia, poseedor de un olfato tan fino y
entrenado como el de un perro policía, experto en el arte de la
finta para desconcertar a quien pretenda retarlo. Mimético, hueco,
escurridizo, calculador, así es este personaje.
El ejemplar no es privativo de una región específica del planeta,
por lo que también habita en nuestros parajes. Con un sorprendente
poder de adaptación a contrastantes condiciones ambientales, gusta
de la canícula latina, y su pelaje lo protege de supuestas
"agresiones" externas.
Cuando abandona su reposo para hacerse presente en cuerpo y alma,
da la impresión de ser muy cálido, preocupado por su entorno, capaz
de involucrarse hasta el tuétano en un problema con tal de
contribuir a erradicarlo, pero en realidad es todo un estilista
sobre el ring: entra en punta de pies, golpea y sale inmediatamente
del área de impacto, para evitar el nocao.
Esta especie, nada divina, puede hallarse en el hogar, en el
colectivo laboral, en el centro de estudios, en una asamblea de
rendición de cuenta del Poder Popular, en la reunión del núcleo del
Partido, con un modus operandi definido: advierte, presagia, critica
sin piedad, hasta se atreve a sugerir soluciones, pero cuando el
índice apunta hacia él para que asuma una responsabilidad en aras de
impulsar una tarea, siempre tiene una esquiva a flor de labios y
desvía el protagonismo hacia otros, por supuesto, pretendiendo
cuidar su imagen pública.
El rifle del "francotirador" —con sofisticada mira telescópica—
lleva una bala en el directo, a la caza de cualquiera que se le
ponga delante, oportunidad para ganar méritos a teatro lleno. El
personaje tal vez viva junto a nosotros y, mientras en el hogar
todos deseamos paz y armonía desde el amanecer, fustiga a los
integrantes de la familia porque no buscaron temprano el pan para
desayunar, sin embargo, a esa hora él estaba durmiendo¼
En su trabajo es preciso renovar la sección sindical que él tanto ha
criticado, pero a pesar de su vasta experiencia, declina aceptar un
cargo porque: "yo no estoy pa’ eso"¼ El
núcleo del Partido realiza su asamblea de balance y es preciso
sustituir una parte de su dirección. Aunque, gracias a sus largos
años de labor conoce perfectamente las características del colectivo
(además de ser pública y notoria su intransigencia en el análisis de
los distintos temas) al momento de la elección entonará un mea culpa
para indultarse y propondrá con vehemencia a otro compañero.
Quienes actúan así, de manera aislada, sin observar para nada la
disciplina del grupo u organización a la que pertenecen, van por el
mundo prodigando su individualismo, delegando lo que a ellos bien
pudiera corresponderles. Es fácil mostrarse hipercrítico y descargar
el peso de las responsabilidades en el hombro ajeno, en tanto se
espera que el maná caiga del cielo, sin arriesgar nada, sin
comprometerse ni esforzarse. Eso sí, después no lo quieran desplazar
de la primera fila al distribuir los beneficios.
¡Ojo avizor! Este espécimen también tiene su punto de contacto
con el serruchador de piso en eso de fabular para salirse con la
suya, aunque sus objetivos difieren entre sí. Desde el mismo momento
en que se conoce la inminencia de una encomienda por cumplir,
comienza a hacer campaña para evadirla. En función de lograrlo, será
capaz de enfermar a alguien bien cercano o enfermarse él mismo y,
¿por qué no?, quizá precisamente el día señalado para decidir no
asista al trabajo, porque tenía un ineludible problema personal por
resolver.
En otras palabras, que aunque son fáciles de detectar, para
neutralizarlos la cosa se hace difícil pues en el arte de amagar y
cubrirse de impenetrables corazas no hay quien les gane.