De esa Cuba dio cuenta un censo realizado por una asociación
católica en el año 1957, cuyos resultados publicó luego la entonces
Revista Carteles:
·El obrero agrícola cubano no disponía, como promedio, de 25
centavos diarios para comer, vestir y calzar.
·El 60% de ellos vivía en bohíos de techo de guano y de piso de
tierra, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua corriente.
·El 85% de esas covachas —rezagos increíbles de la vivienda
aborigen precolombina— solamente tenían una o dos piezas en las que
debía hacinarse toda la familia para dormir.
·El 85% carecía de servicio de agua corriente.
·El 44% no asistió, no pudo asistir jamás, a una escuela.
Daba cuenta además la revista que "cuando cae la tarde, en el 88
% de esos bohíos hay que encender el quinqué... cuando se dispone de
luz brillante. Y de refrigerador o nevera ¿qué decir? Solamente el
3% de los hogares rurales cubanos disponía de alguno de estos
artefactos. La conservación de los alimentos, pues, apenas se
conoce".
Hospital
Calixto García.
El alimento fundamental de esas familias era a base de arroz,
frijoles y viandas. Solamente un 4% comía carne; un 2% consumía
huevos; y un 11% tomaba leche. Su alimentación tenía un déficit de
más de 1 000 calorías diarias, con ausencia de vitaminas y minerales
fundamentales.
A la desnutrición, la ignorancia y la insalubridad habría que
añadir la enfermedad y el parasitismo. La encuesta mencionada probó
que el 14% de los obreros agrícolas de este país padeció de
tuberculosis; que el 13% sufrió la tifoidea.
La capital, con el 22% de
la población disponía del 65% de los médicos y el 62% de las camas
hospitalarias. Resultaba paradójico que a pesar de ser Cuba un país
de población mayoritariamente campesina, solamente había un hospital
rural con 10 camas y sin ningún médico. La mortalidad infantil
superaba los sesenta fallecidos por cada mil nacidos vivos, y la
esperanza de vida apenas llegaba a los 58 años.
El seguro de enfermedad
nunca existió y sus instituciones tenían siempre un gran déficit
financiero. Durante casi siete años, el régimen de Batista llegó a
manipular más de tres mil millones de pesos obtenidos por la vía de
las recaudaciones y las emisiones de valores públicos.