Después de un intenso debate, durante la madrugada de este sábado
se aprobó un escueto documento promovido por algunos países,
liderados por Estados Unidos, gracias a un ardid diplomático que
permitió salvar la imposibilidad de una adopción sin la anuencia de
países como Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Sudán.
Según Telesur, la Conferencia de la ONU sobre el Clima,
desarrollada en Copenhague, Dinamarca, optó por "tomar nota" del
Acuerdo de Copenhague, según anunció el presidente de la sesión, el
primer ministro danés Lars Lokke Rasmussen, en la reanudación de la
reunión tras un receso matinal.
"El hecho de 'tomar nota' le da un estatuto legal suficiente para
que el acuerdo sea operativo sin necesidad de una aprobación por las
partes", explicó Alden Meyer, director de la ONG estadounidense
Union of Concerned Scientists (unión de científicos comprometidos).
Desde primeras horas de la madrugada de este sábado, el Pleno de
Copenhague se encontraba reunido en medio de una gran tensión hasta
que, entrada ya la tarde en Dinamarca, se conoció la decisión de
adoptar una postura intermedia para solventar la oposición de los
cinco países que intervinieron durante la noche del viernes para
rechazar firmemente la entrada en vigor del documento.
El rechazo a este texto creado sólo por un selecto grupo de 26
países se centra en que el mismo está muy lejos de las expectativas
generadas en torno a la mayor reunión sobre cambio climático de la
historia pues quedó en compromisos vagos y genéricos, que dejan en
el aire la perspectiva de un acuerdo completo de reducción de
emisiones de gases que debería adoptarse en 2010.
Tampoco queda claro el condicionamiento para la financiación de
un fondo de los países ricos de 100 mil millones de dólares hacia el
2020 a las naciones en vías desarrollo, y apenas se refiere a la
crisis con la deforestación de los bosques.
Durante el debate, muchos Estados aceptaron el acuerdo pese a que
lo consideran corto en acciones concretas. Otros, como estos países
latinoamericanos y algunos estados insulares, se sienten
descontentos, no sólo con el contenido del acuerdo, sino también con
la manera en que se ha elaborado, pues dicen que fueron excluidos
del proceso.
Los objetivos de emisiones sin cuantificar deberán fijarse antes
del 1 de febrero de 2010, es decir, dentro de poco más de un mes,
otra fecha que tampoco ofrece garantías de concretar resultados.
"Estuvimos dos años de discusiones y dos semanas de intensos
debates; es una ironía o una burla creer que en un mes se darán las
cifras que exigen los científicos para alejar el peligro del
calentamiento global", afirmó un diplomático consultado.