Efectivamente, las coincidencias de principios entre los procesos
de transformación económica, social y política que se abrieron en
Cuba hacía casi medio siglo y en Venezuela al finalizar la década de
los noventa, orientados ambos por los caminos del socialismo, la
verdadera soberanía nacional y el desarrollo pleno en beneficio de
las mayorías, facilitaron y propiciaron el rápido acercamiento entre
los dos gobiernos revolucionarios e iban a constituir una sólida
base para empeños conjuntos.
Nació el ALBA —para desgracia y desesperación del imperialismo
norteamericano y las oligarquías que le son dependientes y
asociadas—, reuniendo con inteligencia y audacia las potencialidades
y posibilidades de Cuba y Venezuela, complementándose y
beneficiándose mutuamente sobre el respeto y la solidaridad, que
posteriormente irían extendiéndose a los demás países que, animados
por los mismos propósitos y objetivos, se han incorporado al ALBA a
lo largo de estos cinco años.
La historia de este continente tendrá que escribirse como un
antes y un después del ALBA; su creación, institucionalización
paulatina, ampliación de sus miembros y desarrollo multifacético
marcaron ya momentos imborrables y devinieron eslabón superior en la
larga lucha de América Latina y el Caribe hacia la culminación de
los ideales de El Libertador Simón Bolívar y la segunda
independencia de América que preconizó el Apóstol José Martí.
Es que cualquier análisis que realicemos en este sentido no puede
partir de otras raíces que no sean las de nuestra propia historia y
de los vínculos que se han forjado durante siglos entre los pueblos
latinoamericanos y caribeños, que otorgan a nuestra región una
irrefrenable vocación de integración y un patrimonio espiritual e
histórico de riqueza poco común en el mundo.
Parafraseando la conocida frase de Marx y Engels, digamos que "un
fantasma recorre América¼ es el fantasma
del ALBA", que más que una visión fantasmagórica es una una realidad
concreta y avanza, se desarrolla y se extiende de múltiples formas,
llenando de pavor al imperialismo y las oligarquías que no cesan ni
cesarán de promover conjuras, conspiraciones y agresiones de todo
tipo contra el proyecto del ALBA y sus integrantes.
El golpe de Estado militar-oligárquico contra el presidente
constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya, cuyo Gobierno había
incorporado al ALBA a ese país centroamericano, resulta la más clara
evidencia de lo que afirmamos. Semejante objetivo persiguen la
militarización de Colombia por parte de Estados Unidos y la
instalación de las siete bases militares estadounidense en
territorio colombiano y otras en Panamá. El imperio y sus asociados
van tomando posiciones en una clara maniobra encaminada a tratar de
liquidar o llevar al mínimo las posibilidades de integración y la
influencia del ALBA y reducir el número de naciones incorporadas,
para lo cual están dispuestos a utilizar cualquier medio, incluyendo
la resurrección del gorilismo o la agresión exterior.
Ellos saben que el ALBA es mucho más que un simple esquema de
integración económica o de intercambio comercial justo y equitativo.
Claramente lo señaló Hugo Chávez cuando, junto a Fidel Castro, en la
Plaza de la Revolución el 3 de febrero del 2006 —al recibir el
Premio Internacional José Martí de la UNESCO—, dijo que las ideas
socialistas son las que pueden unir a "nuestro pequeño género
humano" (al que se refirió Bolívar), que es la misma Nuestra
América, como posteriormente la llamó Martí.
El ALBA representa —como nunca antes se había logrado hasta
ahora—, la articulación de la tradición intelectual latinoamericana
y caribeña con las ideas del socialismo; partir del desarrollo
concreto de nuestras sociedades y de la tradición intelectual y
política de América Latina y el Caribe para buscar y encontrar de
manera creadora las formas y vías más adecuadas que abran
definitivamente el camino a las ancestrales aspiraciones de nuestros
pueblos, haciéndolas realidad.
Estudiosos del tema han referido que en Nuestra América se
asumieron las ideas de la ilustración, encarnadas en la Revolución
Francesa, reelaborándolas en función de las necesidades genuinas de
nuestros pueblos, tal como ocurrió posteriormente con el
liberalismo, que en estas tierras se diferenció radicalmente del
europeo. En el siglo XX la tradición socialista latinoamericana
tiene también contenidos que la distinguen, como señalaron
oportunamente Julio Antonio Mella, José Carlos Mariátegui y Ernesto
Che Guevara.
El ALBA está enraizado en esa larga historia de luchas
emancipadoras políticas y sociales que fueron, a la vez forja y
resultado de las ideas revolucionarias ancladas del Río Bravo a la
Patagonia, alimentadas por lo mejor y más avanzado del pensamiento
universal.
La acción liberadora de Bolívar y el pensamiento de Martí, junto
a todos los grandes próceres y pensadores de América forman el
poderoso sustento cultural de lo que Chávez calificó como "la
Alternativa Martiana para las Américas", a la que llamó también "el
alma del ALBA".
En el terreno de las ideas es indispensable contribuir a la
integración de América Latina y el Caribe y de ahí la importancia de
los proyectos culturales del ALBA. En las investigaciones, estudios
y programas encaminados a la promoción de la cultura bolivariana y
martiana y de otros grandes próceres y pensadores se encuentra el
fundamento de esa "alma del ALBA" que podrá hacer frente a los
desafíos que tiene la humanidad en su conjunto.
La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA)
es una experiencia integral e integradora sin precedentes, que se
abre paso dentro del mismo "patio trasero" del dominio hegemónico de
Estados Unidos, en medio de un mundo convulso por guerras de
agresión, profunda crisis económica global y otras de diverso tipo y
los intentos redoblados del imperio por recuperar el terreno
perdido, en colusión con sus socios oligárquicos, no solo en nuestra
región sino en el resto del mundo.
En ese entorno, el ALBA exhibe ya en el breve lapso de un lustro
importantes logros económicos y sociales y muestra de manera
fehaciente la más completa unión en cuanto a posiciones políticas y
solidarias que atañen a la dignidad, la independencia y el derecho
de cada país a construir libremente su futuro, acorde con la
voluntad de cada pueblo. Dentro del ALBA se ha logrado lo que
parecía imposible en un mundo caracterizado por la exclusión: la
unidad en la diversidad.