En
Cuba, Revolución, socialismo e independencia nacional, están
indisolublemente unidos.
A la Revolución y al socialismo, debemos hoy todo lo que somos.
Si a Cuba regresara alguna vez el capitalismo, nuestra independencia
y soberanía desaparecerían para siempre, seríamos una prolongación
de Miami, un simple apéndice del imperio yanki, el cumplimiento de
aquella repugnante profecía de un presidente de Estados Unidos en el
siglo pasado cuando pensaban anexar nuestra isla y dijo que esta
caería en manos de ese país como una fruta madura. Para impedirlo
hoy, mañana y siempre, habrá todo un pueblo dispuesto a morir. De
nuevo cabe repetir aquí ante su propia tumba la frase inmortal de
Maceo: "quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su
suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha".
Los comunistas cubanos y los millones de combatientes
revolucionarios que integran las filas de nuestro heroico y
combativo pueblo, sabremos cumplir el papel que nos asigne la
historia, no solo como primer Estado socialista en el hemisferio
occidental, sino también como inclaudicables defensores en primera
línea de la noble causa de los humildes y explotados de este mundo.
Nunca hemos aspirado a que nos entreguen la custodia de las
gloriosas banderas y los principios que el movimiento revolucionario
ha sabido defender a lo largo de su heroica y hermosa historia, pero
si el destino nos asignara el papel de quedar un día entre los
últimos defensores del socialismo, en un mundo donde el imperio
yanki lograra encarnar los sueños de Hitler de dominar el mundo,
sabríamos defender hasta la última gota de sangre este baluarte.
Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en
la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados
valores de nuestra historia y de nuestra Revolución.
Ellos murieron luchando contra el colonialismo y el
neocolonialismo.
Ellos murieron luchando contra el racismo y el apartheid.
Ellos murieron luchando contra el saqueo y la explotación de los
pueblos del Tercer Mundo.
Ellos murieron luchando por la independencia y la soberanía de
esos pueblos.
Ellos murieron luchando por el derecho al bienestar y el
desarrollo de todos los pueblos de la tierra.
Ellos murieron luchando para que no existan hambrientos,
mendigos, enfermos sin médicos, niños sin escuelas, seres humanos
sin trabajo, sin techo, sin alimento.
Ellos murieron para que no existan opresores y oprimidos;
explotadores ni explotados.
Ellos murieron luchando por la dignidad y la libertad de todos
los hombres.
Ellos murieron luchando por la verdadera paz y seguridad para
todos los pueblos.
Ellos murieron por las ideas de Céspedes y Máximo Gómez.
Ellos murieron por las ideas de Martí y Maceo.
Ellos murieron por las ideas de Marx, Engels y Lenin.
Ellos murieron por las ideas y el ejemplo que la Revolución de
Octubre expandió por el mundo.
Ellos murieron por el socialismo.
Ellos murieron por el internacionalismo.
Ellos murieron por la patria revolucionaria y digna que es hoy
Cuba.
¡Sabremos ser capaces de seguir su ejemplo!
Para ellos: ¡Gloria eterna!