El equipo de médicos y enfermeros que integran el departamento de
Pediatría del Instituto de Hematología e Inmunología (IHI) en el
Hospital William Soler, harían de todo por librar a sus pacientes lo
más pronto posible del doloroso procedimiento. Y aun cuando a ello
dedican sus desvelos, la barrera inhumana del bloqueo norteamericano
contra Cuba les veta, en parte, la buena intención.
Las posibilidades de sanar, para los niños que padecen leucemia
linfoblástica en nuestro país, son muy favorables: están por encima
del 70% en una enfermedad que hace 30 años era incurable. Sin
embargo, el doctor Alejandro González Otero, jefe del departamento
pediátrico del IHI, asegura que pudieran ser mejores de no cargar
con las restricciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos.
En las naciones desarrolladas, con cuyos índices de salud Cuba
suele competir, e incluso homologa, el pronóstico de curación es de
8 por cada 10 pacientes. Entre los factores que entorpecen el
alcance de estos resultados, está la imposibilidad de acceder a
otras fuentes de L-asparaginasa, enzima destructora de una sustancia
vital para la célula leucémica, detalla el especialista.
"La L-asparaginasa puede obtenerse a partir de tres fuentes: de
las bacterias Escherichia coli y la Erwinia carotova, o de la E.
coli cubierta de polietilenglicol. Tener acceso a cada una de ellas
es importante porque, en el 30% de los casos, transcurrido
determinado periodo de suministro, la L-asparaginasa tiende a
provocar alergia, ante lo cual se recomienda variar la fuente".
Existe también —agrega— un número indeterminado de pacientes
resistentes al efecto del medicamento en dependencia de su origen,
por lo cual es aconsejable alternar los tres tipos durante el
tratamiento.
Actualmente, nuestro país solo puede adquirir, en un mercado tan
distante como el japonés, la variante nativa de la L-asparaginasa,
aquella proveniente de la E. coli; es decir, no solo nos vemos
imposibilitados de obtener las otras dos, sino que esta misma
podríamos comprarla en un lugar más cercano (más rentable) de no
existir el bloqueo, explica Alejandro.
En el Informe de Cuba sobre la resolución 63/7 de la Asamblea
General de las Naciones Unidas consta cómo, efectivamente, a la
empresa farmacéutica norteamericana Merck and Co. se le niega la
posibilidad de vender a Cuba la Erwinia L-asparaginasa.
La dificultad para obtener de los laboratorios norteamericanos
Abbott un equipo para medir, en el suero del paciente, los niveles
de methotrexate —medicamento usado en el tratamiento de la leucemia
linfoide—, es otra de las injustas carencias que padecen quienes
tratan esta enfermedad y quienes la sufren.
En determinados pacientes, conseguir el efecto deseado podría
requerir mayores cantidades de methotrexate; sin embargo, no poder
dosificarlo nos ata, pues si les suministramos más de lo necesario,
los arriesgamos a una muerte por toxicidad, afirma el médico.
Tantos años de ejercicio y congratulaciones por las vidas
salvadas, no alejan del doctor Alejandro el sentimiento de
frustración: "Es muy duro relacionarnos tanto tiempo con estos niños
y sus familias y ver llegar el momento de no poder hacer nada más
para aliviar su dolor; sin embargo, cuando esa posibilidad existe,
pero no está al alcance de un país porque otro se la niega, la
sensación de impotencia es inconmensurable".