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Peligro en la presa Zaza
Adoptan medidas para un uso más racional de las
reservas existentes en el mayor embalse de Cuba. mantiene ocupado
apenas el 20% de su capacidad. Llevar agua hasta el sur de Camagüey
parece una utopía posible
Juan Antonio Borrego
SANCTI SPÍRITUS.— Cuando el temporal macondiano de 1972 repletó
en cuestión de días la presa Zaza, averió su cortina todavía en
construcción y se tragó para siempre potreros enteros, fábricas y
carreteras en el traspatio de Sancti Spíritus, resultaba difícil
suponer que 37 años después el hombre volvería a caminar por el
fondo del gran lago.
Este
puente, perteneciente a la antigua carretera del Jíbaro, permanece
habitualmente cubierto por las aguas de la Zaza.
Esa realidad, sin embargo, se hizo tangible desde hace varios
meses en buena parte de los 113 kilómetros cuadrados que abarca el
embalse, reconocido como la mayor represa de Cuba y Las Antillas y
el principal surtidor de la región centro sur de la Isla, con
particular incidencia en las ramas agrícola y pesquera.
"El río Zaza da lástima", dice Joseíto Rodríguez, un campesino de
Cabaiguán, quien asegura cruzarlo todos los días "brincando de
piedra en piedra y sin mojarme la suela de los zapatos", un panorama
que reproducen el Tuinucú, el Yayabo y el Cayajaná, restantes
abastecedores del acuatorio.
El efecto de una sequía sostenida, con escurrimientos mínimos en
la cuenca —la segunda más importante del país— y en consecuencia la
extracción casi permanente del agua de la presa, han catalizado la
situación a tal punto que, recién finalizado el periodo lluvioso, el
embalse apenas ronda los 211 millones de metros cúbicos.
Con
el descenso de las aguas se incrementan las capturas de la
acuicultura.
La cifra, si bien resulta superior al total que hoy día almacenan
las restantes presas de Sancti Spíritus, equivale solamente al 20%
de la capacidad de diseño de la Zaza (1 020 millones), lo que de
hecho constituye una realidad totalmente atípica para la época.
El asunto se vuelve más peliagudo cuando se toman en
consideración las enormes pérdidas que reporta la distribución del
líquido a los usuarios y la imposibilidad del embalse de entregar
agua a través de su sistema tradicional una vez que la reserva haya
descendido hasta el denominado "volumen muerto", ascendente a 90
millones de metros cúbicos.
La cuenca del Jatibonico del Sur, en la que están enclavadas las
presas Dignorah, Lebrije y La Felicidad, interconectadas con la Zaza
a través de la Derivadora Sur del Jíbaro y el Canal Magistral, pero
con diferentes limitaciones técnicas desde hace varios años, exhibe
por ahora un cuadro que no difiere mucho del de su vecina.
Ello de momento la saca del juego hasta mediados del próximo año,
cuando según pronósticos de los especialistas pudiera comenzar a
aportar unos 70 millones de metros cúbicos a la causa de la
arrocera, siempre en dependencia del inicio de la primavera.
APRETARSE EL CINTURÓN
Los más perjudicados con la sequía y los bajos niveles de
almacenamiento de la presa no son precisamente los turistas del
hotel Zaza, acostumbrados a contemplar un "paisaje marítimo" tierra
adentro, que ahora se ha trastocado en semidesierto, sino los
productores agropecuarios de la región que durante décadas han
consumido y también malgastado el agua del lago.
Ante un periodo lluvioso muy pobre, una temporada ciclónica
tranquila y un pronóstico poco alentador para los próximos meses,
los consumidores de la región, fundamentalmente el CAI arrocero, han
comenzado a apretarse el cinturón con recortes en sus consumos y en
sus planes.
Rafael Ángel Rangel, subdelegado de Recursos Hidráulicos en el
territorio espirituano, asegura que cuando el agua no cae del cielo,
no queda más remedio que buscarla bajo tierra, solución que al
parecer pudiera aliviar las tensiones en la zona, donde se calcula
la existencia de una reserva subterránea ascendente a 100 millones
de metros cúbicos, con decenas de pozos construidos años atrás.
Con el empleo de esta infraestructura se pretenden asegurar 2 108
hectáreas, de las cuales 1 848 serán irrigadas con el empleo de
diesel y las restantes 260 con electricidad, todo lo cual presupone
una inversión, todavía en ciernes, en la que se incluye
mantenimiento a líneas, colocación de transformadores, instalación
de bombas, y limpieza y aforo de los pozos.
Miguel Acebo Cortiñas, primer secretario del Partido en Sancti
Spíritus, en reciente chequeo de este programa hacía notar que el
empleo de dichos sistemas resultaba más caro que la tradicional
irrigación por aniego, pero aseguraba un mejor aprovechamiento del
agua en tanto reportaba menores pérdidas.
Hoy día, sin embargo, el mayor aporte a la campaña arrocera de
frío todavía corre a cargo de la Zaza, cuyo volumen aprovechable
debe dar cobertura a 3 623 hectáreas, por supuesto con una sensible
reducción de la tradicional norma de consumo de agua.
A PRESA SECA, ¿GANANCIA DE PESCADORES?
Lo que pudiera parecer una ganancia redonda para los pescadores
dadas las elevadas capturas que se aseguran por estos días en la
Zaza como resultado de los pobres volúmenes de agua acumulada en el
embalse, es considerado por los expertos como un panorama que tiende
a complicarse.
Miriam Solano, especialista principal de Acuicultura en la
provincia, sostiene que dada la escasez de agua y la gran biomasa de
peces en cultivo allí, las condiciones físico-químicas e
hidrobiológicas van empeorando cada día, a lo que se suman las altas
temperaturas y las elevadas concentraciones de algas, algunas
tóxicas, todo lo cual resiente la calidad del líquido y por tanto
afecta la vida acuícola.
Ante esta coyuntura, desde junio se desarrolla una intensa
pesquería en la presa, con un acumulado en lo que va de año de más
de 3 500 toneladas, fundamentalmente de ciprínidos (tenca, carpa y
amura), con destino a la industria procesadora local.
Esta situación garantiza una "zafra" provechosa, pero a criterio
de la especialista pone en juego la producción pesquera de los
próximos años, pues se están extrayendo animales pequeños que solo
adquirirían talla comercial en el futuro, además de los lógicos
contratiempos existentes con la siembra de alevines.
DISYUNTIVA EN EL ALMACÉN
Cifras oficiales de la Delegación Provincial del Instituto de
Recursos Hidráulicos en Sancti Spíritus reconocen que en los últimos
cinco años la Zaza ha evacuado hacia el mar unos 2 300 millones de
metros cúbicos de agua, o sea el equivalente a más del doble de la
capacidad total de la obra.
El hecho ha estado determinado muchas veces por el impedimento de
almacenar todos los escurrimientos que traen las grandes avenidas
asociadas a fenómenos meteorológicos y también por la orientación
vigente desde hace varios años de comenzar a aliviar el embalse a
partir de los 750 millones, medida dispuesta a favor de la seguridad
de los pobladores que habitan aguas abajo de la presa, no pocas
veces perjudicados con inundaciones o penetraciones del mar.
Autoridades de la rama hidráulica en la provincia concuerdan con
que tras la reparación capital concluida en mayo del 2001 a un costo
aproximado de 10 millones de pesos —implicó la eliminación de
filtraciones en la cortina y la elevación de su seguridad general—,
el embalse se encuentra apto para asimilar un volumen equivalente a
su capacidad de diseño, tal y como se evidenció en junio del 2002
cuando retuvo sin contratiempos 1 297 millones de metros cúbicos,
cifra nunca más registrada en su historia de casi cuatro décadas.
En momentos en que continúa potenciándose la actividad
agropecuaria de la región, particularmente la producción arrocera en
el CAI Sur del Jíbaro, altamente consumidora de agua, y ante el
comportamiento atípico del régimen de lluvias, siempre y cuando no
existan peligros adicionales, valdría la pena repensar el futuro
manejo de esta suerte de gran almacén.
LA MINA DE GUAMUHAYA
Construido a inicios de los años setenta, el complejo Zaza-Jatibonico
enlaza hoy día siete presas (Zaza, Tuinucú, Siguaney, Lebrije,
Dignorah, La Felicidad y la Derivadora Sur del Jíbaro, que gracias a
un admirable sistema de canales surten por aniego más de 3 000
caballerías (40 200 hectáreas), fundamentalmente de arroz.
A ese entramado hidráulico está previsto incorporar tan pronto
las circunstancias lo permitan lo que el General de Ejército Raúl
Castro ha llamado "la mina de agua" del macizo montañoso de
Guamuhaya, entendido como los prósperos escurrimientos de buena
parte de la cordillera del centro del país.
Para ello desde hace varios años en el curso del río Agabama fue
proyectada la presa del mismo nombre, un embalse intramontano de
gran capacidad, ubicado en la zona de Méyer, municipio de Trinidad,
cuya construcción, detenida a inicios del periodo especial, forma
parte de un ambicioso programa que se propone llevar el agua hasta
el sur de Camagüey para uso esencialmente agrícola.
La obra al momento de su paralización ya reportaba adelantos en
el llamado dentellón del flanco izquierdo y en el dique auxiliar del
derecho, así como en el sistema de túneles diseñado al respecto y en
un discreto segmento del canal de 72 kilómetros que debe enlazarla
con la Zaza.
El proyecto ya tiene concluidos otros 70 kilómetros de trasvase
entre esta última presa y la zona de Venezuela, en Ciego de Ávila,
recientemente reparados, todo lo cual hace pensar que el sueño de
trasladar agua hasta el sur camagüeyano, incluso cuando todavía
suene a quimera, parece más cercano quizás que el regreso a estos
predios de la primavera tradicional y sobre todo de aquellos
temporales que llenaban presas en una semana. |