La piña regresa a Ciego

Un intenso programa de rescate de las plantaciones de piña comenzó en Ciego de Ávila y ya rinde sus frutos

Ortelio González Martínez

Casi sin darse cuenta, la reina bajaba del trono. Poco a poco su hábitat se reducía a unas pocas hectáreas que, a duras penas, hombres persistentes se empeñaban en mantener.

Fotos del autorNuevos equipos se incorporan al campo.

Desaparecerá la piña, alertó este diario hace más de una década. Por entonces, no fueron pocos los que estuvieron en desacuerdo con aquella aseveración tan categórica, cruda y triste. Solo algunos trabajadores y especialistas comentaron la verdad a la prensa sin miramientos.

Por entonces, un sondeo realizado a la que fue la única empresa estatal del país dedicada a ese cultivo, sacó a la luz el porqué de tal afirmación: Piñales raquíticos, con exceso de hierba, falta de riego, ausencia casi total de fertilización, éxodo de trabajadores, inexistencia de sembradores y suelos sobreexplotados. Estos percances, unidos a la falta de recursos y otras deficiencias organizativas dieron al traste con la producción.

Fotos del autorJulián, el rey de las reinas.

En 1991 la entidad cosechó la cifra récord de 30 231, 8 toneladas pero en el 2007 la producción tocó fondo y apenas llegó a las 207. En verdad, la reina no murió, pero estuvo en terapia intensiva.

AHORA TIENE QUIEN LA ATIENDA

Hace unos días volví al intercambio con William Almaguer Escobar, uno de los conocedores, que en aquellos momentos alertó sin tapujos de que se debían "buscar estrategias para el rescate", porque se veía venir el desastre.

Con 38 años en la misma entidad, ahora Unidad Empresarial de Base (UEB) de frutales, adjunta a la empresa citrícola en Ciego de Ávila, comentó que lo sucedido se esperaba. Acto seguido afirmó: "hoy debemos relatar la historia de manera diferente".

Ante la imposibilidad de sembrar en las mismas áreas, "cansadas" por la sobreexplotación de décadas anteriores, la dirección de la agricultura en la provincia desarrolla un programa para el fomento de esa fruta. Ahora será obligado bailar con la reina y la producción se ha extendido por casi todas las formas productivas: empresas estatales, UBPC, CPA y CCS.

En la provincia existen unos 100 productores individuales —incluidos algunos de los que recibieron tierra por el Decreto 259—, más otras áreas en las empresas de cultivos varios La Cuba, Arnaldo Ramírez y la de cítrico de Ciego de Ávila, esta última, la rectora principal del programa, luego de que acogiera en su seno, como UEB, a la extinta entidad de la piña.

No será fácil la recuperación, pero es posible. Al parecer atrás quedaron el extensionismo y el quintalismo de épocas anteriores, cuando lo esencial se circunscribía a sembrar y sembrar aunque no se contara con la total disponibilidad de recursos. Esa máxima cedió ante la realidad de que a la piña hay que atenderla al máximo de las posibilidades, no por gusto es la reina de las frutas.

Raúl Batista Donet, director de la UEB de frutales en la empresa citrícola, un hombre de poco hablar y mucho hacer, resume el éxito por venir en escasas palabras: Rotamos los suelos, plantamos las áreas inutilizadas durante más de 20 años y mejoramos el material de siembra con posturas traídas desde las provincias de Matanzas y Villa Clara, y material genético mejorado de la variedad MD-2, de mucho más rendimiento que la tradicional española roja.

Un recorrido por la zona llamada Raúl Martínez, donde se concentra el fomento, exhibe matas vigorosas, de buen follaje y estado vegetativo.

¡Hasta hincan!, le comento a William, quien me acompaña en el recorrido, al igual que hizo 11 años atrás cuando las plantaciones se mostraban indefensas y hasta las espinas se les doblaban.

Allá, ¡un sembrador! Acullá, uno de los tractores adquiridos fruto del proyecto endógeno de colaboración entre Cuba y Venezuela tiraba de una asperjadora; en el horizonte, una máquina de riego de pivote central; cercanos a ella, hombres en el laboreo cotidiano.

"El panorama va cambiando", argumenta Alfonso Durán Cobas, jefe del área, que, a su vez, está dividida en nueve fincas estatales, de 13,42 hectáreas, cada una atendida por cuatro trabajadores.

No abundan las mujeres. Parece que la reina no las admite. Daisy Matos Lores va contra la regla. Desde hace 15 años anda por los piñales y ha hecho de todo. Guataqueaba en el momento de la visita.

"Estoy vinculada al resultado de la producción y atiendo el área junto a tres hombres. Ahora gano más de 500 pesos, pero después de la cosecha esa cifra aumentará el doble y el triple en un mes", y sonríe mientras continúa en la faena.

De Julián Doris Aguilera, el mejor sembrador de la UEB, dicen en tono jocoso que es tan rápido que primero siembra la mata y después abre el hueco. Aquellos que no lo crean, pueden darse una vuelta por donde trabaja quien se me antoja en llamar el rey de las reinas.

Poco a poco regresan muchos de los que se marcharon. De 175 trabajadores que había el pasado año, la cifra aumentó a 360. La mayoría devenga un salario superior a los 500 pesos, en dependencia de la labor que realice.

Alfonso comenta que, además de Julián, existen otros tres buenos sembradores: Raúl Eliécer y Yoni; cuyos esfuerzos son fundamentales para aumentar la recuperación."

Granma no quiso quedarse con la sola visión de lo que se hace en la parte estatal y visitó algunos productores individuales.

Uno de ellos es José Montero Cedeño (El Mocho), quien pertenece a la Cooperativa de Créditos y Servicios Mártires del 9 de Abril, a unos pocos kilómetros de la ciudad de Ciego de Ávila.

"¡La plantación está bonita, verdad! Casi me da por el pecho. Yo le echo humus de lombriz a las 10 hectáreas. Dicen los especialistas que los frutos pesarán más de cinco libras. Ojalá tengan razón", comenta.

Más al sur de la ciudad, Norberto Tapia Betancourt, el piñero mayor, en experiencia y edad, tiene 18 hectáreas plantadas y es ambicioso: "A cada mata la he tratado con cariño para obtener rendimientos superiores a las 25 toneladas por hectárea. Espero no me defrauden".

Existen otros buenos cosecheros como los hermanos José y Armando Pérez de Corcho, y el baragüense Roberto Rojas, quien, cuando se le pidió el esfuerzo para producir piña, fue el primero en la provincia en romper la barrera de la incertidumbre. En el presente año aportó más de 55 toneladas.

DEL SÓTANO ¿AL TRONO?

La estrategia diseñada en papeles puede no parecerse a la realidad si se trabaja con desgano. Lo observado en este recorrido pegado a la tierra permite asegurar que se acorta la distancia hacia la recuperación, aun cuando todos saben que no está al doblar de la esquina si se tiene en cuenta que la reina brinda sus frutos dos años después de sembrada.

Quintín Domínguez Martín es un referente obligado a la hora de analizar el programa de desarrollo. Desde hace años está vinculado a la piña, primero como investigador y, después, como jefe de la extinta empresa. Ahora desanda campos al frente del área de frutales en la entidad citrícola.

"Este año cerraremos con 700 hectáreas de piña en la provincia y produciremos más de 1 300 toneladas, la mayor cifra en los últimos seis años. Hasta ahora disponemos de los recursos. Ciframos grandes esperanzas en la introducción de la variedad MD-2, la más avanzada en el mundo, con un potencial de 80 a 120 toneladas por hectárea, muy superior al de la española roja, que ronda entre las 25 y 30."

El camino hacia el trono se torna despejado, pero debe trabajarse con precisión milimétrica, sin "swuines" al aire. Una tonelada del herbicida conocido como bromasil le cuesta al estado más de 20 000 dólares en el mercado internacional. La piña es costosa y no permite pasos en falso si queremos disfrutar de ella.

 

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