La actuación rápida y eficiente en todos los puntos de entrada al
territorio nacional es una de las principales medidas preventivas
adoptadas por las autoridades sanitarias cubanas para velar por la
salud del pueblo.
En Santiago de Cuba médicos, enfermeras y técnicos en vectores e
higiene, que conforman el equipo de Control Sanitario Internacional,
se convierten en importante barrera ante la posibilidad de acechanza
epidemiológica desde el exterior.
Desde los tres puntos de entrada de extranjeros al territorio,
Puerto Guillermón Moncada, Marina Marlin y Aeropuerto Antonio Maceo,
se extreman las medidas preventivas tanto para trabajadores como
para los visitantes.
Orestes Bustamante, director de la Unidad de Control Sanitario
Internacional, destacó a la AIN que se cumple disciplinadamente con
el control de tráfico y seguridad, acorde con los índices y
exigencias sanitarias internacionales, y se garantiza un cuadro
ambiental adecuado en todas las instalaciones.
Según explicó, se informan diariamente a todos los trabajadores
de estos recintos acerca de la situación internacional,
específicamente de los países arribantes al territorio, con la
identificación y descripción detallada de los riesgos aparejados al
posible contacto con ellos.
El control con la identificación de viajeros y tripulantes que
atraviesan las fronteras, así como la vigilancia epidemiológica que
garantice la identificación de personas enfermas o cargas infestadas
destinadas para el consumo de la población o de la masa animal es de
estricto cumplimiento, señaló.
Angel Alayo, médico de recibo en las instalaciones portuarias,
afirmó la importancia de la Declaración Marítima de Sanidad,
documento obligatorio que se recibe de las embarcaciones y permite
conocer las condiciones sanitarias y de salud antes del atraco.
En caso de sintomatologías declaradas trazamos estrategias de
evacuación y tratamiento inmediato por los médicos y especialistas,
así evitamos la proliferación de cualquier enfermedad en tierra.
Para el caso en que algún capitán de aeronave o de buque que
llegue a territorio nacional y oculte alguna enfermedad, se le
impone el Decreto 104, Reglamento de las disposiciones e
infracciones en el Control Sanitario Internacional.
Una vez el barco en puerto se prosigue al control sistemático las
24 horas del día durante el tiempo de estancia en el recinto, lo
cual incluye el diagnóstico físico a cada tripulante y la revisión
sanitaria de la embarcación para diagnosticar el desenlace de
enfermedades incubadas durante la travesía.
Los capitanes de barco deben remitir un parte diario de las
condiciones del barco, se revisan los carnés de salud y se las
actualizaciones en las tarjetas de vacunación, comentó el doctor
Alayo.
Los portuarios también deben cumplir las normas para evitar la
trasmisión de enfermedades, como el uso del nasobuco y el lavado
sistemático de las manos con jabón e hipoclorito, -resaltó-, además
de crear un favorable ámbito higiénico en el recinto durante la
carga y descarga.
Muy importante es la eliminación de residuales sólidos que
generan las embarcaciones durante la travesía, considerado de alto
riesgo para la población por su procedencia.
Para este fin se ha conformado un programa diferenciado que
conlleva al traslado por vía marítima (para evitar cualquier
contacto con los ciudadanos) hasta un incinerador ubicado en las
afueras de la ciudad, donde un grupo de epidemiólogos supervisa la
eliminación de los desechos.