Al terminar el pasado mes el país acumulaba en viandas más de 41
000 hectáreas, cifra muy superior al programa de la etapa. Aunque
hay presencia de otros cultivos el grueso corresponde a boniato,
plátano, yuca y malanga, informó a Granma Gilberto Díaz,
director de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura.
La papa, uno de los renglones básicos, se realiza en grande en
noviembre y diciembre, tras recibirse las semillas de importación
que cubren la casi totalidad de las 10 065 hectáreas destinadas al
tubérculo.
La llegada en tiempo de las semillas —adquiridas a un precio muy
elevado en el mercado internacional— crea condiciones técnicas y
organizativas para terminar la campaña antes del 31 de diciembre.
Esto da la posibilidad de cosechar la papa en su mejor periodo. Los
primeros campos comenzarán a recolectarse a finales de febrero en
las 253 hectáreas en las que se utilizó semilla nacional.
Dada la estrategia del país, la papa disminuye en más de 2 600
hectáreas y la batalla fundamental se concentrará en obtener
rendimientos cuyo referente y medición sea superar o acercarse a las
22 toneladas, promedio por hectárea de la campaña anterior. La
aspiración es que el comportamiento sea parejo en las siete
provincias encargadas de esa producción. Es la única manera de
compensar en parte la costosa inversión en divisas, que el estado
destina para garantizar los insumos imprescindibles en un renglón
exigente y delicado.
Los especialistas califican de favorable el rendimiento-promedio
dadas nuestras condiciones naturales y las alteraciones climáticas
que, en no pocas ocasiones, dejan pérdidas significativas.
No obstante consideran que aún existen reservas "escondidas" y no
aprovechadas al violarse la disciplina técnica. El rigor se inicia
al prepararse y alistarse los suelos y termina con el manejo
cuidadoso durante la cosecha y la calidad de esta.
La siembra de papa, que ahora excluye al municipio especial Isla
de la Juventud, tiene en La Habana su baluarte principal con más de
4 500 hectáreas. Después aparecen Matanzas, Ciego de Ávila, Villa
Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritius y Pinar del Río.
Para los granos también fueron oportunos los meses de septiembre
y octubre al sumar, entre todos, más de 40 000 hectáreas que superan
el plan del periodo. El frijol, con 22 251, demostró que las
perspectivas de crecer prometen dado el ambiente laboral que se
observa en la base. La aplicación de diferentes medidas estimulan la
recuperación de un cultivo que hoy se diversifica y amplía.
Por las características de Cuba este es uno de los productos
agrícolas que deben incrementarse hasta cubrir el frijol comprado en
el exterior a un precio también muy caro. Posee una ventaja: puede
intercalarse con otras plantaciones.
Después del frijol la preferencia la tuvo el maíz con 18 275
hectáreas, otro grano del cual se espera mucho más en los próximos
años.
Las hortalizas, como siempre, transitan su momento. El peso mayor
de las 39 261 hectáreas sembradas en septiembre y octubre lo ocupan
el tomate, la cebolla, el ajo y la calabaza, con registros por
encima del que debieron alcanzar en esa etapa.
Los resultados finales de lo sembrado y los volúmenes que se
acopien —algunos muy sensibles—dependerán, ante todo, de la
situación del clima, la atención fitosanitaria y lo fundamental: el
trabajo del hombre.