Fundado en 1944 en áreas arrendadas a los ferrocarriles locales,
el aserradero se conformó, en su mayor parte, con equipos
estadounidenses e ingleses, que hoy funcionan a plena capacidad y
aportan madera para los programas económicos y sociales del
territorio.
Así, lo mismo puede encontrarse una sierra de banda, un gramil o
un winche de 1880, que una caldera del año 1884 o una máquina de
vapor de 1890, todos en buen estado técnico no obstante, de los
achaques de la edad y la intensa explotación a que han sido
sometidos.
Por supuesto que tales equipos hace mucho habrían pasado a la
categoría de "chatarra", si no fuera por la perseverancia de hombres
como Orlando del Risco Álvarez y Orlando Álvarez Fuentes, quienes
han sabido transmitir ese espíritu innovador al resto de los 43
trabajadores del aserradero.
Aunque jubilado, Del Risco no se ha separado jamás de la caldera
y ya con 72 años de feliz entendimiento, es consultado ante
cualquier anomalía que afecte su eficiencia, a pesar de alimentarse
con residuos maderables de la propia producción para generar el
vapor que mueve las máquinas.
De hecho, luego de un breve lapso de inactividad, el aserradero
reinició sus faenas para procesar diariamente entre 12 y 14 metros
cúbicos de madera procedente del macizo San Felipe-Los Joberos,
interrumpido en los primeros meses del año por un incendio que
devastó importantes recursos forestales del lugar.
La nueva misión estuvo a punto de abortar, pues uno de los
equipos fundamentales colapsó en junio, lo que hizo pensar a algunos
que había llegado el minuto final para el Otaola. La respuesta, sin
embargo, no se hizo esperar y surgió, como otras veces, de la vasta
experiencia de Orlando Álvarez Fuentes:
"Esto se puso feo, porque la vieja máquina de vapor explotó, y yo
propuse entonces traer otra un poco más nueva, nada menos que de
1890, que se encontraba en el Aserradero Gumer, también de esta
ciudad. Con un poco de esfuerzo y una buena dosis de maña la pusimos
a funcionar y reiniciamos el proceso productivo."
El "gallego", como le dicen sus compañeros, lleva 55 años en
funciones de mecánico y le conoce todas las "cosquillas" a cada uno
de los equipos, secretos que le transmite a su relevo, Omar Bergery
Rodríguez, seguro de que, si la suerte los acompaña, el aserradero
puede extender un tiempo más su vida útil.
Por otros momentos difíciles han pasado y siempre han salido
airosos. Recuerda Orlando cómo en el 2003 concluyeron una reparación
general del aserradero, tras ver cerrada la instalación debido a su
mal estado constructivo, razón por la cual muchas de las máquinas
quedaron varios años a la intemperie.
"Gracias a la cooperación de otros sectores de la provincia y al
rescatar materiales del desarme de la antigua Planta Eléctrica de la
ciudad y del central Haití, logramos echar a andar nuevamente la
fábrica y ese mismo año entregamos 1 634 metros cúbicos de madera."
De entonces a la fecha, el Aserradero Froilán Quirós ha mantenido
la condición de colectivo Vanguardia Nacional, siempre felices de
manipular equipos del siglo XIX, y hacerlos funcionar como si fuera
una tecnología de la presente centuria.