Es
el terrorismo autorizado por los Estados Unidos el que permite que
Pedro Crispín Remón camine libre por Miami junto a otros criminales
confesos, mientras muchas familias guardan luto para siempre.
Hoy se cumplen 30 años de que este matón a sueldo del imperio
ametrallara en una calle de Union City, Nueva Jersey, al emigrado
cubano Eulalio José Negrín Santos, integrante del Comité de los 75,
organización que a finales de los años 70 agrupó a representantes de
la comunidad cubana en el exterior en favor del diálogo franco y la
reunificación familiar.
Aquel domingo 25 de noviembre de 1979 Eulalio se acompañaba de su
hijo Richard, de 12 años, quien presenció el atroz hecho.
Una abstracción del peligro que lo acechaba todos los días hacía
este hombre por cumplir sus deberes familiares y al frente del
Programa Cubano en Nueva Jersey en aras de normalizar las relaciones
entre los cubanos del archipiélago y los radicados en otras
naciones, fundamentalmente en los Estados Unidos.
Pero él estaba claro que los elementos de la mafia miamense no
perdonarían ese trabajo de paz, ni su condena al bloqueo, al
terrorismo, ni su negativa, tiempo atrás, a alistarse entre los
invasores a Vietnam.
La muerte también se olfatea. Por ello tres meses antes, justo el
15 de agosto de 1979, escribió una carta, a modo de testamento, al
Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba¼
Por este medio:
Se le da poder a mis familiares residentes en Cuba y a las
autoridades competentes cubanas tanto en Cuba, en New York o
cualquier otro país de disponer de mis pertenencias personales y de
que en caso de asesinato, accidente o sabotaje mi cuerpo sea
trasladado a la República de Cuba y enterrado junto a mi señor padre
en el pueblo de Sabanilla del Encomendador hoy Juan Gualberto Gómez
en la provincia de Matanzas¼
Pero a esa muerte, buena cara le mostró Eulalio. A sus familiares
y amigos de Cuba que durante el cuarto y último viaje a la Patria le
aconsejaron no regresar a los Estados Unidos respondió que su deber
estaba allí, aunque supiera que cada vez le resultaba más difícil
dormir dos noches seguidas bajo un mismo techo.
La causa merecía todos los riesgos, solía decir. Y hasta un
primer mártir ya tenía el empeño: Carlos Muñiz Varela.
El deseo de que sus restos reposaran en su pueblo natal fue
cumplido el 18 de junio de 1983.
Los pasos por las calles de la Florida de Pedro Crispín Remón,
quien acompañara a Luis Posada Carriles en el frustrado intento de
asesinato al líder de la Revolución cubana durante la Cumbre
Iberoamericana efectuada en Ciudad Panamá en el año 2000, son la
prueba del derecho arrogado por sucesivas administraciones
estadounidenses para clasificar horrendos crímenes como terrorismo
bueno.