Al comentar aquella decisión, el Comandante en Jefe Fidel Castro
apuntó durante un discurso en la Facultad de Derecho de Buenos
Aires, Argentina, el 26 de mayo del 2003:
"Los enemigos bromeaban, siempre bromean; pero la broma, que
tenía una intención política, se refería a que un día yo había
dicho: hace falta un economista. Pero desde entonces se habían
confundido y creyeron que yo decía que hacía falta un comunista, y
es por eso que había ido el Che".
Pero el Che era un comunista y era un excelente economista. "Ser
economista excelente depende de la idea de lo que quiera hacer quien
dirige un frente de la economía del país, y quien dirige el frente
del Banco Nacional de Cuba; así, en su doble carácter de comunista y
economista", destacó Fidel.
Transcurridos apenas 11 meses del triunfo insurreccional, la
dirección del país había implementado leyes trascendentales, de
amplio beneficio popular, que provocaban la ira de las oligarquías
externas, y de sus servidores domésticos, al tiempo que los
tecnócratas intentaban frenar la radicalización del proceso.
En ese momento, Che dirigía el Departamento de Industrialización
del Instituto de Reforma Agraria, y desempeñaba otras funciones en
el Ejército Rebelde, pero no vaciló en aceptar la responsabilidad.
Primaba la comprensión de que el Banco Nacional de Cuba era
arteria vital por la que circulaban las finanzas de la nación, en
primer lugar la disponibilidad y el manejo de las divisas, en un
contexto en el que participaban directivos de la banca privada,
quienes por ello estaban en conocimiento de los proyectos que
involucraran inversiones, créditos, pagos y cobros.
Las arcas del Estado cubano habían sido saqueadas en la estampida
de los batistianos a la caída del régimen —424 millones de dólares
se llevaron para Estados Unidos— y de ninguna manera podía
permitirse que las pocas divisas convertibles disponibles se fugaran
al exterior, y que funcionarios serviles impidieran la
instrumentación de disposiciones revolucionarias.
Esa realidad caracterizaba el clima que se vivía en Cuba, cuando
técnicos y especialistas se marchaban del país, deslumbrados por la
política de desestabilización implementada por el gobierno de
Estados Unidos a través de intencionadas ofertas monetarias y
facilidades migratorias.
Fue menester recurrir a los pocos cuadros revolucionarios de
mayor instrucción, salidos del propio Ejército Rebelde, de
organizaciones que habían participado en la lucha contra la
dictadura, y de los sindicatos, para fundar una emergente Escuela de
Administración de Industrias, e invocar el ingenio creador de
obreros y campesinos para salir adelante.
La designación de Che provocó la irritación en círculos
injerencistas del gobierno estadounidense y en las filas de la
contrarrevolución que aupaba.
Cuando Guevara plasmó su escueta firma, Che, en la toma de
posesión, y más tarde rubricó igualmente los primeros billetes
emitidos por el Banco, la reacción pretendió condenar a la hoguera
al comunista declarado y al economista activo.
Corrieron los adinerados a cerrar sus cuentas bancarias y a
extraer los "papeles", como apuntó Fidel el 15 de diciembre de 1959,
ante una plenaria nacional de trabajadores azucareros, ocasión en la
que dejó entrever la posibilidad de un cambio de moneda, ocurrido al
año siguiente para un rudo golpe a los planes de la
contrarrevolución.
En el referido discurso, el Jefe de la Revolución fue categórico
al expresar: "Para que nadie se llame a engaño, el Che no está ahí
para hacer ninguna barbaridad, el Che está ahí igual que cuando lo
mandamos a Las Villas a impedir que pasaran las tropas enemigas
hacia Oriente; lo he mandado al Banco Nacional a impedir que se
vayan las divisas y para que el parque que tenemos en divisas pues
se invierta correctamente."
En realidad, el Che no era un improvisado, porque poseía amplia
cultura general, era lector infatigable y crítico, había
profundizado el estudio del marxismo, en particular las obras
clásicas de Marx y Lenin, y sobre todo poseía una voluntad política
férrea, que le permitía incorporar nuevos conocimientos sobre la
base de la aplicación constante.
Lo demuestran sus análisis sobre la economía capitalista y del
llamado socialismo real, en la antigua Unión Soviética y países de
Europa del este, y la fundamentación de sus tesis, críticas y
anticipadoras del naufragio de aquel modelo.
Por cierto sobre su escueta firma que luego aparecerían en los
nuevos billetes, Luis M. Buch, entonces ministro de la Presidencia y
secretario del Consejo de Ministros, narra en su libro Gobierno
Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos que "En la
ocasión de tomar posesión el doctor Ernesto Guevara de la Serna como
presidente del Banco Nacional de Cuba, firmó el documento de
juramentación con su inconfundible Che. Yo le objeté, en voz baja,
que debía firmar con su nombre completo, pero él insistió en firmar
así. El presidente Dorticós se percató de la situación, y nos
preguntó: Qué ocurre?
"Le expliqué que el doctor Guevara estaba firmando como Che y no
como Ernesto Guevara de la Serna, que era su nombre. Sin esperar un
segundo, Che replicó, secamente: Cada uno firma como quiere.
"Nos quedamos callados. Así quedó registrada primariamente la
sencilla y legible firma con que se defendería con celo insuperable
las finanzas del país y que, en el cambio de la moneda de 1961,
rompería la espina dorsal a la economía de la contrarrevolución
cubana".
El paso breve pero fecundo de Che Guevara al frente del Banco
Nacional de Cuba es otra de las muchas páginas brillantes legadas
por quien pasaría a la inmortalidad con el nombre venerado de
Guerrillero Heroico.