.— Científicos
latinoamericanos advirtieron que los problemas del cambio climático,
más que meteorológico, son de orden sociopolítico y adelantaron la
necesidad de un modelo alternativo al patrón tecnológico actual.
Participantes del simposio Crisis ambiental y modelo de
desarrollo ¿dos caras de la misma moneda? alertaron en sus
conclusiones que detrás del acelerado aumento de la temperatura del
planeta, se esconden factores de origen antropogénico.
Como resultado de ello, el problema debe ser afrontado desde los
gobiernos, en opinión de los expertos reunidos durante el VIII
Congreso Venezolano de Ecología, recién concluido.
Según el criterio, difundido en nota de prensa, considerar a la
naturaleza fuente para satisfacer las necesidades de los hombres y
no como integrante del ecosistema, es resultado del patrón
tecnológico de la sociedad capitalista, pues conduce al consumismo y
una guerra sistemática del ser humano contra la naturaleza.
Al respecto, el profesor Edgardo Lander, de la Facultad de
Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de
Venezuela, propuso apagar la tecnología existente y empezar desde
cero en otra dirección.
Según Lander se deben crear alternativas correspondientes a otras
formas de conocimiento y, más que reducir emisiones de gases de
efecto invernadero, discutir el patrón civilizatorio y detener la
dinámica destructiva de los patrones tecnológicos.
Asimismo el profesor Carlos Porto-Gon alves, de la Universidad
Fluminense de Brasil, resaltó que la separación entre hombre y
naturaleza es resultado de la búsqueda del lucro, imponiéndose lo
cuantitativo por encima de lo cualitativo.
A su juicio, la lucha ambiental para la reapropiación social de
la naturaleza es fundamental para establecer de manera adecuada,
sostenible y sustentable una sociedad equilibrada.
Walter Lanz, miembro del Consejo Socialista Nacional de
Agroecología, llamó asimismo la atención sobre el papel estratégico
de las comunidades indígenas en el proceso de reacercamiento del
hombre a la naturaleza.
Para Lanz estas sociedades se han convertido en depositarias de
elementos, prácticas y objetos que tienen mucho que ver con la
posibilidad de que la misma humanidad se salve de la hecatombe.