BOCA DE SAMÁ. — Yo no pude estrenar los zapatos que había
comprado para mis quince años. La metralla lanzada por terroristas
cubanos, organizados en Estados Unidos por orden de la CIA, destrozó
mi pie derecho y truncó mis sueños de adolescente. Mi hermana sufrió
también aquella noche, expuso Nancy Pavón Pavón, víctima del artero
ataque al pobladito de Boca de Samá, el 12 de octubre de 1971.
El testimonio de Nancy abrió el Encuentro Internacional contra el
Terrorismo, efectuado en la mañana dominical en el poblado de Boca
de Samá, municipio de Banes. Cientos de personas, reunidas allí,
apenas podían contener la emoción que sus palabras provocaron.
Lo más indignante es que aún estén libres los terroristas que
asesinaron a los combatientes Lidio Rivaflechas Galán y Antonio
Ramón Siam Portelles, y causaron heridas a Carlos Escalantes, así
como a los vecinos del lugar Jesús Igarza y las niñas Nancy y
Ángela.
Criminales como Santiago Álvarez Fernández Magriñá, Tony Iglesias
y Gustavo Villoldo (este último participante también en el asesinato
del Comandante Ernesto Che Guevara) viven tranquilamente en la
Florida, al igual que Luis Posada Carriles, donde se vanaglorian
mientras el gobierno norteamericano mantiene en prisión a los Cinco
antiterroristas cubanos.
Boca de Samá es testigo elocuente del terrorismo que desde
Estados Unidos se organiza y ejecuta contra Cuba. Es la prueba
evidente de la necesaria lucha de los Cinco en ese país, para
descubrir los planes asesinos de la mafia anticubana, afirmó el
destacado jurista Rodolfo Dávalos.
El clamor fue unánime: el imperio debe liberar de inmediato a los
Cinco hermanos que sufren injusta prisión en Estados Unidos y
encerrar a los verdaderos asesinos que hoy se pasean libremente por
las calles de Miami.
La voz calmada de Irma Sehwerert, madre de René, uno de los
Cinco, repercutió en la sala. "Este pueblo seguirá resistiendo. No
podrán nunca arrebatarnos la patria".