Remanufacturación y cuenta nueva

Ronald Suárez Rivas

PINAR DEL RÍO.— Aunque "remanufacturar" es una palabra más larga y difícil de pronunciar, el ingeniero Rubén Sánchez afirma que es el término exacto para definir lo que hacen.

Foto del autorLa remanufacturación también ayuda a proteger el medio ambiente.

"Rellenar es otra cosa —dice—, una alternativa para resolver el problema cuando se vacía el cartucho de una impresora. Consiste simplemente en quitar un tapón y volverle a echar polvo; pero eso no garantiza calidad ni es algo profesional".

En cambio, la confiabilidad del producto que sale de sus manos es un principio inviolable para los trabajadores de la planta de remanufacturación de tóners, quienes aseguran estar elaborando un artículo con la misma calidad de los originales, a menos de la mitad del precio de estos en el mercado internacional.

Enclavada dentro de la Empresa de Componentes Electrónicos Ernesto Che Guevara, de esta provincia, la unidad comenzó a funcionar a mediados de septiembre y espera estabilizar a partir de diciembre una producción mensual de 5 500 cartuchos.

Florentino Marrero, su director, comenta que ello permitiría obtener anualmente cerca de 70 000 unidades, una cifra equivalente a la mitad de la demanda nacional.

Como si fuera nuevo

"El proceso consiste en desarmar totalmente el cartucho para revisar el estado de los componentes, y si hay alguno dañado, reemplazarlo", explica Rubén Sánchez, el especialista principal. Después de rellenado, cada uno es sometido a un riguroso control de calidad a fin de corregir cualquier desperfecto.

"En una agencia bancaria, por ejemplo, un tóner que dé un punto de error puede alterar el valor de una cifra en miles de pesos. Por ello, para garantizar el trabajo de nuestros clientes, la impresión debe ser perfecta", argumenta Rubén.

Tras la minuciosa comprobación, el producto queda listo para salir al mercado bajo la marca Rigenera, una empresa italiana que ha estado a cargo de la transferencia de la tecnología.

"El resultado es un cartucho duradero y más económico", añade.

Según el especialista, el ciclo se puede repetir tanto como el estado técnico del artículo lo permita. "A cada uno se le coloca una pegatina que constituye una especie de historia clínica. En ella anotamos cuántas veces se ha reciclado y si se cambió alguna pieza.

"Esta información facilita la próxima rehabilitación, porque le indica al operario qué partes pueden tener desgaste".

De menos a más

En esta primera etapa la remanufacturación solo abarca los tres tipos de cartuchos más usados en Cuba, pero a partir de abril se espera incluir otros modelos.

"Pretendemos ir creciendo poco a poco. Acá tenemos acceso a las estadísticas de las importaciones de impresoras realizadas en el país. A través de su estudio se determinan los modelos y los volúmenes de producción, los cuales siempre estarán en correspondencia con la demanda", asegura Rubén.

A poco más de dos meses de la puesta en marcha, con cerca de 7 000 unidades terminadas, las perspectivas son favorables.

Marcello Migni, presidente del grupo Rigenera, resalta la disposición y la laboriosidad del colectivo.

Manchas sobre el papel

Florentino Marrero, el director, sabe que los números están de su lado. El precio de un tóner en el mercado internacional rebasa los 60 dólares, mientras el de la fábrica no llega a 30.

Sin embargo, en la carrera de fondo emprendida en el país para reducir la dependencia de las importaciones, a la planta pinareña le quedan reservas por explotar.

"Como hasta ahora no había experiencia en el reciclaje, nos vimos obligados a traer los cartuchos vacíos de Europa", lamenta Marrero.

"Acá existe un alto potencial de tóners vacíos y sería mucho más barato si los pudiéramos utilizar. El costo de producción se reduciría entre un 25 y un 30%. Por ello se está organizando un procedimiento para la recogida en toda la Isla".

Una sencilla operación aritmética da la idea de los beneficios que esto reportaría: de acuerdo con los datos manejados por la planta, en los últimos 30 meses entraron al país alrededor de 250 000 tóners, los cuales admitirían por lo menos cinco recargas.

Si tenemos en cuenta que cada cartucho vacío adquirido en Europa tiene un costo medio de cuatro dólares, se puede concluir que el simple acto de recuperar los que ya están en nuestro territorio implicaría un ahorro de cinco millones de dólares, incluidas las recargas.

No obstante, para lograr esto, además de un mecanismo certero que asegure el retorno en buenas condiciones de los cartuchos vacíos a la planta pinareña, es imprescindible la colaboración de todos los centros donde se utilizan.

En las condiciones actuales, sin embargo, es poco probable que alguna entidad se sienta motivada a cooperar, pues aunque la remanufacturación de los tóners alivia a la economía del país, apenas beneficia a quienes los usan, debido a los altos gravámenes aplicados al producto por las empresas encargadas de su comercialización.

Por tanto, a la par del perfeccionamiento del proceso productivo, se deberá poner fin a la paradoja de comprar en el exterior los mismos componentes que hoy tiramos a la basura, antes de que junto a cada cartucho reciclado pueda imprimirse la palabra racionalidad.

Hasta el momento, en la planta pinareña se remanufacturan los cartuchos Q2612A, Q2613A y el C7115A, los cuales se pueden usar en 23 modelos de impresoras de las marcas HP y Canon.

Para el segundo trimestre del 2010 se espera incorporar los modelos CB435A, Q5949A y Q7553A.

Toda la producción está dirigida a satisfacer la demanda nacional.

 

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