Más
vale un ‘toma’ que dos te daré". —Refrán
La esperanza de cambio que despertó Barack Obama con sus 500
promesas durante su campaña electoral, se está desvaneciendo a
velocidad cósmica y deja el conocido sabor amargo del cinismo, la
característica principal de este siglo XXI.
Después de casi once meses de ejercer el poder, sólo queda la
retórica y los cambios están ausentes; como en todos los gobiernos
anteriores, Obama sólo sigue el curso trazado por los ricos y
poderosos de siempre: Wall Street y el Pentágono, de los cuales este
presidente es solo su relacionador público.
Para iniciar las guerras se necesitó un presidente inculto con
mensaje directo y lágrimas fáciles —así era George W. Bush. Pero
para continuar las guerras que no se podrían ganar, y al mismo
tiempo mantener las ganancias suculentas de Wall Street mientras el
pueblo se empobrecía más, se requería un presidente intelectual como
Barack Obama, con capacidad de crear promesas hipnotizadoras, con
sonrisa fácil y amigable, que haría olvidar por un tiempo al pueblo
la incertidumbre económica del país. Como dice el refrán: no importa
el color del gato, siempre y cuando cace ratones.
El espacio limitado de este artículo no permite examinar todo lo
que prometió Obama sino lo más importante relacionado con los
hispanos y América Latina. No se cansaba de repetir Barack Obama en
los primeros tres meses en el poder, que la Ley de la Inmigración
sería la prioridad de su gobierno, sin embargo nada pasó, excepto
que el Departamento de Seguridad Doméstica es más duro con los
inmigrantes indocumentados. Por supuesto que el presidente "no se
entera de todo esto" por estar sumergido en los problemas de la
recesión que durará, de acuerdo a los especialista, hasta el 2015 ó
el 2020, y también en las guerras, que de acuerdo con el Pentágono,
se prolongarán 50 años más.
América Latina no será una excepción. Como Estados Unidos está
perdiendo su poderío económico, hará todo lo posible para mantener
bajo su control al continente, como su último bastión. En este
contexto, la promesa de Obama de iniciar una "nueva era de
relaciones con América Latina" el pasado mes de abril, trajo el
golpe de Estado en Honduras y unos frustrados intentos de golpes en
Bolivia y Paraguay. En Honduras, Washington ya se quitó su máscara
de democracia, avalando las elecciones del golpista Micheletti a
quien Norteamérica, según Obama, "nunca reconoció".
En diez meses como presidente de EE.UU. este "Premio Nobel de la
Paz" autorizó al Pentágono, o el Pentágono lo hizo autorizar, 12
bases militares en América Latina: siete en Colombia, cuatro en
Panamá y una en Costa Rica. También la IV Flota recibió facilidades
portuarias en el Perú. Y todo esto bajo la cínica retórica de la
democracia, justicia y lucha contra el narcotráfico. De acuerdo al
periodista Seymour Hersh, quien expuso la masacre de My Lai en
Vietnam y torturas en Abu Ghraib (Iraq), el Pentágono tiene
acorralado a Barack Obama, igual que tuvo a John Kennedy y Lyndon
Johnson. Para los militares, dice Hersh, Obama es "débil y de un
color equivocado". Los fuertes son Hillary Clinton y el
vicepresidente Joseph Biden. Mientras uno sonríe, otros muestran los
puños.
Por eso, ni el pueblo aquí, ni toda América Latina, nada bueno
deben esperar del Gran Patrón.