Irlanda y Colombia acercan sus imágenes

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

La diversidad como premisa de la programación del ICAIC se hará evidente una vez más cuando esta semana la sala Chaplin, de la Cinemateca de Cuba, y el multicine Infanta acojan muestras fílmicas procedentes de Colombia e Irlanda, respectivamente.

El ángel del acordeón, de la colombiana María Camila Lizarazo.

En esta última instalación comenzará hoy miércoles el ciclo irlandés con la proyección a las 5:00 p.m. del largometraje Reyes, de Tom Collins, y a las 8:00 p.m. de The front line, de David Gleason; la primera, una mirada a la memoria de una generación que emigró a Inglaterra; la segunda, aguda narración acerca de los conflictos padecidos por un inmigrante africano en Dublin.

Recomendable será asistir a la tanda de apertura de esta jornada que se extenderá hasta el viernes 20, puesto que Reyes estará precedida por el documental Dando en la tecla (88 strings attached), de Elizabeth C. Jones, sobre la colaboración de amigos irlandeses en la rehabilitación de pianos para la enseñanza artística en Cuba.

El domingo 22 quedará inaugurada la muestra colombiana en la sala Chaplin, donde se proyectará El ángel del acordeón (2007), de María Camila Lizarazo, que narra los trabajos y los días de un niño de la costa atlántica empeñado en convertirse en el mejor intérprete del instrumento y un inspirado compositor. La película podrá ser vista también el lunes 23 a las 5:00 p.m.

En el envío sobresale Perro come perro (2007), ópera prima de Carlos Moreno (martes 24, 8:00 p.m. y miércoles 25, 5:00 p.m.), premiada en los festivales de Guadalajara (México) y Gramado (Brasil). La crítica coincide en valorar el dominio del realizador en reflejar las tensiones de dos sicarios contratados para un trabajo sucio que les depara una encerrona.

Sobre la cinta, el director ha dicho: "El público colombiano hoy tiene un nuevo cine que es como tener un espejo enorme, después de haber tenido uno que a duras penas le permitía verse el rostro. Algunas verdades duelen, como verse los nuevos pero ineludibles defectos. Estoy casi seguro que la suma de la totalidad de las películas colombianas no da un resultado de violencia o temas sociales, como se comenta peregrinamente. Es un complejo que sufrimos, una tendencia y una política, por cierto muy de moda, a ocultarnos y no escuchar lo que ocurre a solo unos centímetros de nuestra cercada vida. Perro come perro no se circunscribe a un género violento, sino a un género que no es cómodo".

 

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