"Siempre me gustaron las flores pero la pérdida de mi hija hizo
renacer en mi corazón el deseo de restaurar el jardín y sembrar
cuanta planta me encontrara, aunque entonces no tenía la menor
experiencia sobre botánica", rememora esta hacendosa mujer. Comenta
que también la alentó la convocatoria de Raúl a todos los cubanos
para sembrar hasta cada palmo de tierra.
Hoy el patio de Eva María Fernández, conocido como El Framboyán,
es un verdadero paraíso de flores y frutas, un apretado bosque que
cautiva a los curiosos y forasteros que visitan el poblado de
Cabezas, en el municipio de Unión de Reyes.
"Contamos con más de 600 especies de plantas ornamentales y
frutales, 72 variedades de orquídeas y una colección completa de
violetas. Poseemos de igual modo todas las especies de aguacate, así
como mango, plátano manzano, cereza, marañón, chirimoya, uva,
granada, guanábana, limón, guayaba, naranja agria y dulce, y hasta
pera".
En premio a su constancia el grupo nacional de Agricultura Urbana
le otorgó en días recientes la doble excelencia, máxima distinción
que confiere. De ese modo se convirtió en el primer patio que lo
obtiene en la provincia de Matanzas.
Es un lugar ordenado, con un huerto bien plantado, áreas para
autoconsumo y donde conviven y anidan más de una decena de pájaros
en el que no faltan aves silvestres y en peligro de extinción, como
el carpintero, el zorzal gato y bobito, el zunzún y el colibrí, así
como el canario, azulejo, arriero, tomeguines, totíes y la mariposa.
Eva parece estar en todos los rincones del pequeño bosque desde
el amanecer hasta muy entrada en la noche, siempre perseguida por el
olor a flores frescas y el susurro de los pájaros. "Ella es la que
con más amor se dedica a esto, se levanta y se acuesta hablando de
sus maticas", observa su esposo Antonio Batista.
Hoy todo se le facilita mejor, pero fue bastante difícil llegar
hasta aquí. "No disponíamos de presupuesto para adquirir las
distintas especies y fue preciso comprar poco a poco. En la medida
que lográbamos hijos de las plantas compradas las vendíamos al mismo
precio para conseguir nuevas. En la marcha tuvimos el apoyo de
vecinos y amigos, y de las instituciones agrícolas del territorio".
Al Framboyán está adscrito un círculo de interés integrado por
niños de la escuela primaria Rubén Hernández y un círculo de abuelos
de la localidad. El patio es, además un espacio de referencia para
los estudiantes universitarios entusiasmados en realizar tesis de
graduación sobre el tema. También lo visitan coleccionistas y
personas interesadas en reproducir esa práctica en sus casas.
"Lleva mucho trabajo mantenerlo. Cuando se acerca un ciclón
debemos pasar todas las plantas hacia dentro de la casa y luego
reponerlas en su lugar. El pasado año lo tuvimos que hacer en tres
ocasiones, y no es nada fácil, se trata de miles de plantas".
Su casa está perfumada de jazmines, impregnada por un aire
siempre limpio. La laboriosidad de Eva va a la par con la de su
esposo. Ellos dos se encargan básicamente de ese espacio, aunque
también ayudan su hija Yeny e incluso el nieto de cuatro años de
edad.
Aunque está comprobado que las flores tienen un dominio sedante,
para ella el patio es más que un simple recurso de desahogo.
"Este ha sido mi paraíso, la mejor cura para una mujer que encima
de su desgracia familiar padece de insuficiencia cardíaca. Desde que
me dediqué por entero a la atención del patio no he necesitado más
medicamentos. Pero lo más importante, además de obtener lo
suficiente para vivir, es que del fruto de este patio podemos hacer
donaciones y ayudar a muchísimas personas.
"Siempre quisimos recordar a la niña con un lugar así, bien lindo
y próspero. Ella es nuestra guía espiritual. Es muy bueno saberse
útiles y poder tributar a los demás".