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El feo trance de las Bello
Anneris Ivette Leyva
Elsa Bello ha adquirido la manía de darle la espalda a su esposo
cuando duerme. No la impele, por fortuna, un desaguisado
matrimonial, sino el temor a que el aliento viabilice el traspaso de
los malestares a uno más de sus seres queridos.
Elsa
ha tenido que variar ligeramente su rutina de ama de casa; ahora,
entre otras medidas, aparta y cubre su vaso y cubiertos.
Hace unos días, la presencia de múltiples síntomas gripales "le
costaron" un ingreso hospitalario por sospecha de A H1N1, y tres
noches después constató, de la peor manera, las consecuencias de
exponer a un familiar, incautamente, al roce directo con una
enfermedad contagiosa:
— Mami, también me trajeron para acá— le anunció su hija menor
desde una habitación vecina de la instalación hospitalaria.
El roce
hace el contagio
"Yo no quería que mi hijita me acompañara, pero ella insistió y
mira ahora..., se enfermó", lamenta Elsa cuando el personal médico
comandado por el doctor Héctor José Gómez de Haz le da el alta.
Cinco días han pasado desde que la recibieron sudando altas fiebres,
con abundante tos, dolores de cabeza y de articulaciones, en el
cuerpo de guardia de Tulipán e Hidalgo, del municipio Plaza en
Ciudad de La Habana.
"Empecé con los malestares un lunes, fui al consultorio del
médico de la familia y de ahí me mandaron al policlínico, donde me
realizaron varios exámenes y me remitieron para acá. Mi hija estuvo
conmigo en todo ese proceso y ya ve, terminó hospitalizada también."
Algunos síntomas le persisten aún. No está enteramente curada
pero al haber transcurrido el periodo en el que puede contagiar a
otras personas, Elsa continuará con ingreso domiciliario. Aunque los
sustos de la primera hora pasaron (el miedo a una posible
complicación, la confusión de por qué me tocó a mí...), esta ama de
casa de 44 años no parte feliz para el hogar: deja a su hija en
manos de capaces especialistas, pero enferma al fin.
Ingreso
en casa
Quizás ese vivir pensando que mañana siempre amanece, tan propio
de la juventud, nos impida sacrificar placeres aunque en ellos
persista un riesgo. Yanet Echevarría Bello, la hija de Elsa por fin
dada de alta, no se aventura a imitar la actitud de su madre y
prescindir de los mimos de su pareja, esos que tanta falta hacen
cuando una se siente mal, aduce.
A él tampoco parece alarmarle, con tal de estar juntos, el precio
de alistarse en las filas de la pandemia. Reconoce no haber tomado
ninguna medida preventiva al aparecer los primeros síntomas en su
novia porque "de todas formas, se me hubiera pegado", alega sin
preocupación.
En cambio Nadilay Echevarría, hermana mayor de la joven, tiene
una pequeña dependiente de ella y no puede alejarla mucho de sí,
pero trata de mantenerla cerca solo en lo necesario para no
transmitirle su molesta fiebre y dolores de cabeza, aunque no
parezcan ser más que señales de catarro común, según las
valoraciones médicas.
Si bien la tormenta avizorada a inicios de mes no fue tal y
cierta calma ha arribado a esta familia de La Lisa, Elsa no
desatiende las recomendaciones de aseo y otros cuidados preventivos
que pueden salvar su hogar de peores tempestades.
Los vasos y cubiertos de cada cual los mantiene apartados; lava
sus manos con frecuencia y esmero, al igual que los alimentos y
utensilios de cocina; tapa su boca y nariz al estornudar o toser y
evita salir de casa o recibir visitas.
Por suerte, su cuadra ha sido privilegiada. Las fosas que antes
vertían —colapsadas por los abundantes desechos de las crías de
cerdos en la zona— fueron desatascadas recientemente por la Empresa
Nacional de Perforación. Así, la higiene tan necesaria para mantener
a raya el virus gripal del siglo XXI, no queda entre paredes. |