¿Huele a peligro?

DEISY FRANCIS MEXIDOR

El gobierno de Barack Obama se enfrentó a su primera prueba política en el plano interno, apenas un año después de la histórica victoria electoral, que llevó al sillón presidencial al primer presidente negro de Estados Unidos, catapultado por su "Yes, we can".

Las elecciones para las gobernaciones en Virginia y Nueva Jersey, dominadas por los republicanos el martes 3 de noviembre, ya se anunciaban como un posible "barómetro" para tomar el pulso político en torno al actual ejecutivo. Y así ha sido, aunque desde la Casa Blanca se diga lo contrario. El vocero, Robert Gibbs, trató incluso de restar importancia al asunto cuando en respuesta a periodistas había dicho previamente que "no importa lo que suceda, las elecciones no tendrán repercusión en el trabajo administrativo de Washington".

Pero la realidad es innegable: en ambos estados los demócratas perdieron el control, al quedarse sin el voto de los electores independientes, una señal preocupante para Obama, ganador hace apenas 12 meses con esos mismos sufragios y también un aviso anticipado para su partido, de cara a los comicios de mitad de periodo o de medio término, que deben celebrarse en el 2010.

Recuérdese que los votantes independientes —no registrados en ninguno de los dos partidos— son denominados como la perla del andamiaje electoral estadounidense, pues con frecuencia deciden el vencedor. En el 2008 fueron una pieza clave en la victoria de Obama en Virginia y en otros estados de la Unión.

Sin embargo, luego de un año de recesión y cuando la presidencia de Obama aún anda en pañales, le "vendieron a los demócratas en Virginia", popularmente hablando, en un territorio, donde la economía fue el tema principal de la campaña.

De manera que el triunfo de Bob McDonnell allí sobre el demócrata R. Creigh Deeds, y del republicano Chris Christie sobre el impopular gobernador Jon Corzine, en Nueva Jersey, fueron una doble victoria para un partido Republicano, que busca revivir como el ave fénix de sus propias cenizas.

Mientras, en la ciudad de Nueva York, el multimillonario alcalde Michael Bloomberg —que concurría bajo dos banderas, la republicana y la independiente— se agenció un tercer periodo en una elección apretada, que se pensaba iba a ser relativamente fácil para él, según reportes de prensa.

Como era de esperar, los resultados en esos comicios, ya levantan comentarios sobre el humor del electorado —que comienza a cuestionarse por qué no ha visto materializarse muchas promesas de campaña—, el estado de la amplia coalición que llevó al actual mandatario al Salón Oval y hasta los límites de su influencia.

Precisamente, la denominada reforma de salud, prioridad número uno en lo interno, seguirá en el limbo de las decisiones —o mejor dicho, de las indecisiones—, ya que justo el 3 de noviembre, pocas horas antes del cierre de las urnas en los estados en disputa, el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, dio más que un anuncio, un mazazo: es posible que el Congreso no logre aprobar la polémica reforma este año como Obama había asegurado a sus votantes.

Por supuesto, esto sería muy peligroso, porque se trasladaría el debate del espinoso tema al 2010, año electoral, en el cual numerosos congresistas buscan retener su escaño.

También es curioso que Deeds y Corzine se llevaran el saco de la derrota, pese a los propios esfuerzos del mandatario, quien hizo campaña personal por ellos. El fiasco hasta podría especularse pone en duda qué tanto se le permitirá hacer a Obama en el futuro en cuestiones de gobierno, qué posibilidades tendrán los demócratas de retener su poder en el Congreso y en las gobernaciones.

En el 2006 y 2008 los demócratas se alzaron con victorias en Virginia, mientras Nueva Jersey es uno de "los estados que consideraban a salvo del asedio republicano. Sin embargo, entrevistas con votantes en ambos estados el martes mostraron que los demócratas tenían razones para preocuparse, y los republicanos para ilusionarse", destaca un despacho de AP.

Ahora, aunque se trate de restar importancia, estos resultados cuentan, más al paso de un año en el que la situación en Estados Unidos mantiene señales en rojo: la recesión continúa, pese a que se afirme que "lo peor de la crisis pasó". El escenario del empleo sigue deteriorándose. Las respuestas que exigen millones de inmigrantes ilegales no llegan. El oxígeno del rescate no impide que "otros grandes" pidan protección por bancarrota y personas como Karen (nombrémosla así), se pregunten ¿cómo quieren que hable de política si perdí mi casa y no tengo trabajo?

 

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