El dilema de las torturas

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ

El Senado de Estados Unidos aprobó que los presos de la ilegal base de Guantánamo sean enjuiciados en suelo estadounidense.

Torturas de todo tipo aplicadas a reos sin acusación alguna.

Tal decisión, que había sido adoptada ya por la Cámara de Representantes, permite que los reos sean llevados a Estados Unidos con el único propósito de afrontar juicios en su contra en cortes federales.

Ahora, solo necesita ser refrendada por Obama para que se convierta en ley y entre en vigor.

Sin embargo¼

Una contradicción está clara: aunque el juicio se pueda celebrar en territorio norteamericano, no se permite que los condenados sean encarcelados en Estados Unidos, como tampoco que los absueltos sean liberados en ese país.

¿Qué hacer entonces?, podría preguntarse Obama, máximo impulsor del proyecto, que mucho tiene que ver con su decisión de cerrar antes de finales de enero del 2010 la cárcel abierta por George W. Bush en la ilegal base de Guantánamo.

Historia reciente¼

La instalación, convertida en campo de concentración por obra y gracia de la pasada administración de la Casa Blanca, ha sido un reflejo claro de las más brutales torturas y otros vejámenes practicados con los auspicios de los más altos directivos del gobierno, incluyendo al ex ministro de Justicia, al ex vicepresidente y al ex presidente de los Estados Unidos.

La pesadilla vivida allí y denunciada por encarcelados, que estuvieron varios años sin causa alguna, deja constancia de quienes no resistieron tanto maltrato y optaron por privarse de la vida; aquellos a los que se les aplicó la tortura sistemática; los asediados por perros o amenazados con disparos a la cabeza; o simplemente a los que se les mantuvo desnudos o se les quemó el libro santo del Corán a sabiendas del significado de esas acciones para un musulmán.

Ahora es muy común que se hable de métodos aplicados por la CIA y el anterior Gobierno de Washington contra los reclusos, como fingir ejecuciones sumarias, amenazar a una persona con un taladro o el famoso "sistema de ahogamiento", en el que al detenido se le hecha agua en el rostro cubierto con una capucha haciéndole difícil respirar.

Bagram, otra pesadilla¼

La guerra en Afganistán es para la administración Obama una gran pesadilla. En este caso, para aquellos presos que según las autoridades norteamericanas son "combatientes enemigos", se abrió la prisión de Bagram.

En los ocho años de ocupación del suelo afgano, hacia aquel recinto carcelario han sido llevados miles de detenidos locales y también desde el extranjero, según denuncias publicadas en una investigación de la BBC.

La publicación dio a conocer distintas entrevistas realizadas a ex prisioneros, que señalaron que fueron golpeados, privados del sueño y amenazados con perros.

De los 27 entrevistados afganos, que fueron llevados a la base Bagram entre 2002 y 2008, por supuesta afiliación a Al-Qaeda o al Talibán, ninguno fue acusado formalmente o procesado en un juicio.

Entre las evidencias de torturas están las agresiones físicas; se les sometió a calor o a frío excesivo y a sonidos con un volumen insoportablemente alto; fueron forzados a desvestirse delante de mujeres soldados. Cuatro de ellos fueron amenazados de muerte a punta de pistola. "En invierno, te echaban agua fría y en verano, agua caliente. Usaban perros en nuestra contra. Colocaban una pistola o un arma en tu cabeza y te amenazaban con matarte", señaló a la BBC un ex detenido.

El dilema de qué hacer¼

El actual mandatario estadounidense, conocedor del desprestigio de su país por los métodos de tortura aplicados durante la administración Bush, reiteró y aseguró la prohibición de estas.

Pero un enorme dilema, el de qué hacer con los responsables de estos hechos, sigue sin respuesta y comprometiendo las palabras del presidente.

La presentación de un informe del Departamento de Justicia sobre las "técnicas de interrogación mejoradas" usadas en el pasado con sospechosos de terrorismo y el pedido de que sus responsables sean procesados, siguen sin encontrar una explicación satisfactoria en la sociedad norteamericana.

La pregunta es: ¿Cuándo y cómo se juzgarán a los funcionarios de alto nivel dentro del gobierno, que dieron la luz verde para el uso de las llamadas "técnicas intensivas" o "mejoradas" en los interrogatorios, y a los agentes que las utilizaron siguiendo las órdenes superiores?

Para que no quede duda de que nada va a pasar, el actual director de la CIA, Leon Panetta, aseguró que "defenderá a los oficiales que hicieron lo que su país les pidió hacer".

Es decir, que ningún torturador directo podría ser recriminado, a sabiendas de que lo hecho por ellos fue autorizado nada menos que por personas con los nombres del ex presidente George W. Bush, el ex vicepresidente Dick Cheney, y el ex fiscal general Alberto González.

 

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