Actualizado 10:00 a.m. hora local

La eficacia de un Mejunje bien preparado

OCTAVIO BORGES PÉREZ

Relato de un pueblo roto, de la Compañía Teatral santaclareña El Mejunje, es una de esas piezas que se agradecen por el noble mensaje y por la forma tan fresca y eficaz de su montaje escénico.

Participante en el XIII Festival de Teatro de La Habana, los jóvenes mejunjeros, se presentaron en Guanabacoa en sólo tres funciones, aunque merecían mostrar su atractiva propuesta en otros sitios de más fácil acceso para los interesados.

En fin, cosas que pasan en una cita como esta, a la cual concurren lo mejor de las artes escénicas criollas y una buena parte de lo que ahora se mueve con brío en el universo teatral más reciente.

Raudal Morales, director, y Maya Fernández Sotolongo, actriz, hacen honor a la tradición de rigor, irreverencia y buen gusto que el patriarca Ramón Silverio, desde hace 25 años, cultiva con acierto, contra viento y marea, en el mismo centro de esta isla.

La anécdota, no por sencilla, subraya la excelencia del amor para afrontar retos, la preeminencia de lo propio para iniciar cualquier camino y los cortos alcances del individualismo ramplón para encarar la existencia.

Lo interesante de la puesta es cómo se cuenta la historia, la mezcla de juegos infantiles, danza, expresión corporal, legados populares, una actuación sin costuras y la solución de esos muñecos bolsillos que la titiritera pega y despega de su cuerpo con tal coherencia que parecen extensiones de su anatomía.

Sin duda, Maya es una actriz en plena madurez y floración, que dibuja la psicología de cada personaje y usa a conciencia todo su cuerpo para lograr la máxima expresividad.

Raudal dirige con frescura e inteligencia el espectáculo y si algo pudiera señalársele, son apenas detalles, como el de prescindir de las canciones grabadas para poder disfrutar en vivo las posibilidades vocales de su actriz. (AIN)

 
 

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