La reparación y mantenimiento de las locomotoras norteamericanas
General Motors, que circulan por las vías ferroviarias cubanas, se
dificulta en extremo por la imposibilidad de comprar piezas claves
para su funcionamiento.
Cuba, después de los Estados Unidos, fue el otro país de América
que explotó públicamente el ferrocarril, sin embargo esa actividad
recibe hoy los efectos adversos del bloqueo económico, comercial y
financiero impuesto por la potencia del Norte.
Roberto Ramírez, director del taller ferroviario Enrique Varona,
del municipio de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, encargado
de mantener activas a las 47 que existen, informó que la Isla se ve
obligada a adquirir a precios muy altos los elementos que México y
Canadá recuperan.
Entre esos componentes están los motores de tracción, encargados
de transmitir la corriente a las ruedas y hacerlas funcionar,
valorados cada uno de los cuatro que lleva una máquina en 29 mil
dólares, precisó Arnaldo Calleja Alonso, mecánico en el centro
moronense.
También, agregó la fuente, se dificulta adquirir los bronces de
suspensión, que cuestan 230 dólares; reguladores de voltaje,
cuantificados en más de 700 dólares; y generadores principales, en
37 mil dólares.
Poner en marcha cada una de esas máquinas obliga al Estado a
desembolsar como mínimo un cuarto de millón de pesos, destacó Félix
Marrero, jefe del área de reparaciones.
Frente a esas dificultades el ingenio colectivo se impone y en el
taller de Morón se fabrican o recuperan algunos componentes, que por
su tecnología ya no existen en el mundo o su compra se encarece.
Las General Motor fueron traídas con sus operarios por la
compañía Building Locomotive Works en 1954 y dado su porte pequeño y
características técnicas son las únicas que pueden entrar hasta los
espigones de los puertos para extraer las mercancías.