Oiga, al principio me decían loco, cuando me veían "faja´o" con
los bueyes arando la tierra, recuerda Guillermo Suárez Hidalgo,
campesino beneficiado por el decreto 259.
Y es que las tierras, solicitadas por él y su hijo Leodan Suárez,
quien le sigue los pasos en la "locura", anteriormente eran
potreros, que la fuerza del trabajo convierte ahora en productivos
labrantíos.
"Muchos
me llamaban loco, cuando me veían arando el potrero. Ojalá hubiera
muchos locos como yo", afirma jovial Guillermo Suárez, usufructuario
residente en Herrera Tres, Tacajó, municipio de Báguano.
"No me importó la burla cercamos la finca, la aramos y plantamos
las primeras simientes; y ya ve, la vida nos dio la razón y la
tierrita ya produce, aunque se le puede sacar muchísimo más",
asevera Guillermo.
En apenas 9,23 hectáreas (ha) de tierra (su hijo atiende similar
cantidad), Guillermo ya entregó sus primera cosecha: unas 2 000
mazorcas de maíz tierno, y alrededor de 20 quintales de vianda.
Y eso que la tierra no estaba bien preparada, por la prisa de
sembrar, ahora esperamos mejores rendimientos, explica Guillermo.
Guillermo y Leodan son también responsables de entregar la leche
fresca que demanda la bodega de Herrera Tres, de Tacajó, en el
municipio de Báguano, donde residen.
Tenemos 32 reses en total, aunque sólo unas 16 están en ordeño y
queremos comprar ocho ejemplares más, para incrementar la
producción, afirma Guillermo.
Cardeso, el de Angostura
Orlando Cardeso, un antillano de 72 años de edad, tiene la
sabiduría propia del guajiro cubano. Su virtud, lo declara el mismo,
el trabajo diario. Su pasión, sacarle a la tierra todo lo que se le
pueda sacar. "La tierra es como la mujer, asevera, si le das cariño
te da todo, pero si la tratas mal, no quiere ni tus huesos".
La parcela de Cardeso, ubicada en el reparto Angostura, de
Antilla tiene tres hectáreas, fue declarada de Referencia Nacional.
Está completamente cultivada, cuenta con rebaños de 28 reses y 119
ovejos (carneros) y en lo que va del 2009 ha entregado al Estado
casi ocho mil litros de leche, varios carneros y unos 100 quintales
de viandas.
"Yo le vendo al Estado casi todo lo que produzco, porque también
aporto al Hogar Materno. Es la única manera que tengo de devolverle
al país lo que hace por nosotros. Ahora mismo, tuve a mi hijo
ingresado en el hospital varios días, y nadie me cobró un centavo
por eso", enfatiza Cardeso.
He
trabajado toda mi vida. Durante más de 40 años laboré como obrero
agrícola, y aún sigo aportando a la Revolución, afirma Orlando
Cardeso, cuya productiva parcela ha sido declarada de Referencia
Nacional.
El trabajo de este sencillo hombre de campo demuestra la realidad
que muchos olvidan: la tierra produce si el hombre se vuelca sobre
ella y pone amor y voluntad en el empeño de cosechar.
"Mire – dice mientras se adentra unos metros entre los surcos –,
ahí mismitico está el mar". La salinidad del suelo es alta, pero los
más de 200 plantones de plátano burro y fruta reverdecen al lado de
las hortalizas.
Antilla es el municipio más pequeño de la provincia de Holguín.
Limita con la bahía de Nipe, no tiene ríos ni arroyos que
contribuyan al desarrollo agrícola, pero con hombres como Cardeso es
posible la producción de alimentos, con persistencia, mejor
organización y trabajo.