El 95,8 por ciento de la población cubana recibe el agua tratada
para su consumo, cifra que ubica a la Isla en igual nivel de los
países desarrollados.
René Mesa Villafaña, presidente del Instituto Nacional de
Recursos Hidráulicos, dijo a la AIN que el resultado obedece al
interés del Estado revolucionario por entregar el vital líquido sin
contaminación, a pesar del bloqueo que por casi 50 años mantiene el
gobierno norteamericano contra Cuba.
Aunque la materia prima para elaborar las tuberías se encarece al
provenir de naciones lejanas y la cantidad de combustible se
duplica, la mayoría de las localidades dispone de sistemas de
acueducto, precisó el directivo.
En aquellos lugares donde no existen las redes hidráulicas por
falta de bombas en las estaciones, el agua, debidamente clorada, es
suministrada por pipas y a través de las fuentes de abasto,
puntualizó Mesa Villafaña.
Especialistas del sector también realizan un estudio de las
características físico-químicas y bacteriológicas de los pozos,
ubicados en los asentamientos poblacionales de las montañas, con el
objetivo de saber si están aptos para el consumo humano.
El aislamiento que Estados Unidos impone al pueblo cubano, priva
al país de contar con más de una planta de cloro, lo cual genera
constantes gastos de combustibles en el traslado sistemático de ese
producto hacía todas las provincias.
No obstante, la dirección de la Revolución le da prioridad a este
sector y hoy trabajan tres fábricas de tuberías de polietileno de
alta densidad, que paulatinamente contribuyen a la rehabilitación de
los conductos, la mayoría con más cinco décadas de explotación.