Bloqueo

Una guerra contra las escuelas

Joel Mayor Lorán

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIAPara Dayán Santiesteban el mundo tiene apenas unos pocos metros. Sus fuerzas, sus manos, las ruedas de su silla, no le llevan lejos; se agota enseguida. Una distrofia muscular progresiva del tipo Duchenne le ata a un universo demasiado pequeño para los deseos de un niño.

Sería diferente si la firma norteamericana Spinlife no hubiera rechazado las solicitudes del Estado cubano para adquirir sillas de ruedas que se muevan con energía eléctrica. Pero el bloqueo no entiende de sueños.

Manuel Fabricio Martínez también depende de alguien más para moverse. Bien lo saben quienes insisten en brindarle la mayor calidad de vida posible en la escuela capitalina Solidaridad con Panamá, donde existen cinco casos con esa distrofia muscular; sin embargo, él pudiera hacer más por sí mismo en un modelo de silla de ruedas eléctrica, con el mando al alcance de la mano.

Una visita al sitio web de la empresa estadounidense estremecería de dolor a los padres de Dayán, Manuel, Noelvis Valdés... La ciencia y la tecnología han previsto sillas específicas para diversas afecciones, con diferentes atributos, invitan a creer que un niño puede desafiar las más crueles enfermedades, aunque le recuerden que debe, además, lidiar con personas y gobiernos sin escrúpulos.

CIENCIA, E INCONCIENCIA

programas informáticos especializados, teclado inteligente, pantalla táctil, interruptores, novedosas opciones para ciegos y sordos se han creado con el fin de vencer los obstáculos que provocan las discapacidades.

Desafortunadamente, los niños cubanos con limitaciones físico-motoras que reciben atención ambulatoria no disponen de todos los medios de acceso a la computación, debido al predominio de mercancías norteamericanas o comerciadas por firmas con patentes de ese país.

Mientras las prohibiciones de venta desnudan las intenciones de quienes persisten en el bloqueo, la lejanía de los mercados a los cuales Cuba está obligada a acudir impone considerables costos adicionales.

Durante el 2008, los gastos en educación incluyeron el exceso en 1,39 millones de dólares por pago de fletes desde Asia: por esa misma cantidad, Cuba hubiera podido comprar 40 millones de lápices, un millón de cajas de plastilina para escuelas primarias y círculos infantiles, así como 550 000 cajas de crayolas.

Los dólares de más que el Estado emplea cada año, por el impedimento de apelar al mercado norteño o a firmas del propio continente, permitirían la compra de instrumentos de geometría, escritura y accesorios; papel braillon; y aparatos de grabación y de reproducción de relieve, para escuelas de niños ciegos... o adquirir mayor número de productos del mismo renglón.

PELIGROSOS PAISAJES

Una obsesión. Una cacería. Una guerra económica sin cuartel. En eso se ha convertido el bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos a la Mayor de las Antillas. Hasta en las escuelas cubanas ve un enemigo temible que es preciso exterminar.

Desde luego, ningún acto resulta tan barbárico como negarle a un niño el papel de colores con el que suele desatar su imaginación, principalmente si el chico tiene necesidades educativas especiales.

Su odio lo lleva a impedir que disponga de pegamento para encuadernar libros en los talleres de las escuelas especiales; agujas, tela e hilo de diferente calibre para bordar o tejer; y otros materiales para su preparación integral. Al parecer, considera peligrosa la fantasía de Raúl Machado; de modo que procura alejarle del papel y la plastilina de colores con los cuales crea sus propios paisajes.

Este chico inquieto, de conducta ansiosa, afectado por una mielomeningocele (malformación congénita a la que llaman espina bífida), requiere de arte-terapia, según expresa Margarita Matheu, jefa de ciclo de enseñanza especial de Solidaridad con Panamá.

Lo cierto es que, a pesar de tanto ensañamiento, sus maestros, amigos y el Estado, insisten en que Raúl continúe construyéndose el mundo como le salga del corazón.

 

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