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Bloqueo Una
guerra contra las escuelas
Joel Mayor Lorán
Para
Dayán Santiesteban el mundo tiene apenas unos pocos metros. Sus
fuerzas, sus manos, las ruedas de su silla, no le llevan lejos; se
agota enseguida. Una distrofia muscular progresiva del tipo Duchenne
le ata a un universo demasiado pequeño para los deseos de un niño.
Sería diferente si la firma norteamericana Spinlife no hubiera
rechazado las solicitudes del Estado cubano para adquirir sillas de
ruedas que se muevan con energía eléctrica. Pero el bloqueo no
entiende de sueños.
Manuel Fabricio Martínez también depende de alguien más para
moverse. Bien lo saben quienes insisten en brindarle la mayor
calidad de vida posible en la escuela capitalina Solidaridad con
Panamá, donde existen cinco casos con esa distrofia muscular; sin
embargo, él pudiera hacer más por sí mismo en un modelo de silla de
ruedas eléctrica, con el mando al alcance de la mano.
Una visita al sitio web de la empresa estadounidense estremecería
de dolor a los padres de Dayán, Manuel, Noelvis Valdés... La ciencia
y la tecnología han previsto sillas específicas para diversas
afecciones, con diferentes atributos, invitan a creer que un niño
puede desafiar las más crueles enfermedades, aunque le recuerden que
debe, además, lidiar con personas y gobiernos sin escrúpulos.
CIENCIA, E INCONCIENCIA
programas informáticos especializados, teclado inteligente,
pantalla táctil, interruptores, novedosas opciones para ciegos y
sordos se han creado con el fin de vencer los obstáculos que
provocan las discapacidades.
Desafortunadamente, los niños cubanos con limitaciones
físico-motoras que reciben atención ambulatoria no disponen de todos
los medios de acceso a la computación, debido al predominio de
mercancías norteamericanas o comerciadas por firmas con patentes de
ese país.
Mientras las prohibiciones de venta desnudan las intenciones de
quienes persisten en el bloqueo, la lejanía de los mercados a los
cuales Cuba está obligada a acudir impone considerables costos
adicionales.
Durante el 2008, los gastos en educación incluyeron el exceso en
1,39 millones de dólares por pago de fletes desde Asia: por esa
misma cantidad, Cuba hubiera podido comprar 40 millones de lápices,
un millón de cajas de plastilina para escuelas primarias y círculos
infantiles, así como 550 000 cajas de crayolas.
Los dólares de más que el Estado emplea cada año, por el
impedimento de apelar al mercado norteño o a firmas del propio
continente, permitirían la compra de instrumentos de geometría,
escritura y accesorios; papel braillon; y aparatos de grabación y de
reproducción de relieve, para escuelas de niños ciegos... o adquirir
mayor número de productos del mismo renglón.
PELIGROSOS PAISAJES
Una obsesión. Una cacería. Una guerra económica sin cuartel. En
eso se ha convertido el bloqueo impuesto por el gobierno de Estados
Unidos a la Mayor de las Antillas. Hasta en las escuelas cubanas ve
un enemigo temible que es preciso exterminar.
Desde luego, ningún acto resulta tan barbárico como negarle a un
niño el papel de colores con el que suele desatar su imaginación,
principalmente si el chico tiene necesidades educativas especiales.
Su odio lo lleva a impedir que disponga de pegamento para
encuadernar libros en los talleres de las escuelas especiales;
agujas, tela e hilo de diferente calibre para bordar o tejer; y
otros materiales para su preparación integral. Al parecer, considera
peligrosa la fantasía de Raúl Machado; de modo que procura alejarle
del papel y la plastilina de colores con los cuales crea sus propios
paisajes.
Este chico inquieto, de conducta ansiosa, afectado por una
mielomeningocele (malformación congénita a la que llaman espina
bífida), requiere de arte-terapia, según expresa Margarita Matheu,
jefa de ciclo de enseñanza especial de Solidaridad con Panamá.
Lo cierto es que, a pesar de tanto ensañamiento, sus maestros,
amigos y el Estado, insisten en que Raúl continúe construyéndose el
mundo como le salga del corazón. |