Beth Humphrey, de 30 años de edad, y Terence McKay, de 32, han
decidido casarse. Humphrey, gerente de cuentas de una empresa de
comercialización, y su novio McKay, soldador, acababan de regresar a
Louisiana. Ella es blanca y él negro.
El juez de paz en Tangipahoa, Keith Bardwell, de raza blanca, se
ha negado a extender una licencia matrimonial a la pareja,
supuestamente porque está preocupado por los niños que estos
pudieran tener. El "compasivo" juez ha declarado que según su
experiencia la mayoría de los casamientos mixtos no duran mucho.
"No soy racista. Solo que no creo en mezclar las razas así", dijo
Bardwell a The Associated Press. Y como prueba de su buen sentido de
la cordialidad, agregó: "Tengo pilas y pilas de amigos negros.
Vienen a mi casa, los caso, usan mi baño. Los trato como a cualquier
otro".
Según Bardwell, él pregunta a todos los que le consultan antes de
casarse si son parejas mixtas. Si lo son, él no los casa.
"Existe un problema para que ambos grupos acepten a un hijo de
tal matrimonio. Creo que esos niños sufren y yo no contribuiré a
hacerles pasar por eso", afirmó. Bardwell se ha negado a casar a
unas cuatro parejas interraciales durante su carrera en los últimos
dos años y medio, porque al parecer el amor filial y de parejas
tiene para él un origen racial.
Ante esta irracional negativa, los jóvenes Beth y Terence
consultarán al Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre la
posibilidad de presentar una denuncia por discriminación. Quizás por
ello Beth Humphrey ha decidido matricularse en la Universidad de
Nueva Orleans en busca de una licenciatura en política de minorías.
"Eso fue increíble", dijo Beth. "No es algo que uno espere en
esta época". Realmente no a esos extremos y mucho menos en el país
que se precia de ser paladín de todos los derechos.