La
mayoría de la población mundial cree que su salud está en buenas
manos. En la crencia de que eso es así, no puede ver los oscuros
negocios que esconde la mafia imperial de la industria médica,
amparada financieramente por las multinacionales farmacéuticas.
Los grandes medios de comunicación se ocupan de sembrar el miedo
a las enfermedades, y algunos gobiernos los apoyan. Se manipulan
genes, mercantilizan órganos, y a ello se les suma los costos
sanitarios siempre en alza¼ Es un
mercado, donde el dinero rige totalmente la medicina.
No impera una ética a favor de la vida. Lo único que de verdad
interesa a quienes manejan esa "industria" es ganar dinero y cómo
obtener más.
Hoy el lucro alcanza cifras astronómicas y ejemplos sobran. Las
ventas de la farmacéutica suiza Roche Holding AG, productora del
codiciado antiviral Tamiflu contra el virus de la influenza A (H1N1)
y de la cual nada menos que el ex secretario de Defensa
norteamericano Donald Rumsfeld es uno de sus principales
accionistas, aumentaron en el primer trimestre del 2009 el 7% con
respecto al mismo periodo del año anterior, hasta los 17 672
millones de euros. O la empresa estadounidense Pfizer, laboratorio
líder a nivel mundial, cuyos ingresos al año rondan los 4 900
millones de dólares.
Para producir ganancias, a las multinacionales del sector les
interesa contar con enfermos, si son crónicos mejor, para que tengan
que consumir la mayor cantidad posible de medicamentos, pero solo
para aliviar nunca para resolver una dolencia, pues esto último no
les sería rentable.
Incluso, esas transnacionales en ocasiones deciden qué se enseña
a los futuros médicos en las facultades, qué se expone y se publica
en los congresos de medicina. Muchas veces los galenos solo tienen
acceso a las fuentes de información que les "proporcionan" las
industrias de la esfera, las cuales deciden hasta qué tratamiento
pueden o no aplicar.
En el sitio digital Free News, dedicado a publicar informaciones
censuradas sobre medicina y salud, se denuncia cómo el libro La
Mafia Médica —su título nos dice mucho— le costó a la doctora de
origen canadiense Ghislaine Saint-Pierre Lanctot su expulsión del
Colegio Médico de su país y la retirada de su licencia para ejercer,
luego de 27 años en el sector.
También se revela el caso del doctor Peter H. Duesberg, eminente
investigador de inmunología de Estados Unidos, a quien se le cerró
su laboratorio y se le prohibió seguir investigando otras
alternativas al SIDA por sus cuestionamientos a la hipótesis
"oficial" sobre cómo combatir esa incurable enfermedad, lo que le
generó, además, la retirada de fondos para sus estudios y
dificultades para la publicación de sus trabajos en revistas
científicas, solo porque —como dijera el investigador Mirko
Beljanski, también víctima de esa mafia médica— "un sistema, unos
mandarines y unos clanes poderosos se oponen a nuestras propuestas".
Hasta el presidente Barack Obama ha sufrido los furiosos ataques
de los magnates de las farmacéuticas y aseguradoras contra su nuevo
plan de sanidad —aprobado en estos días por la Comisión de Finanzas
del Senado por un monto de 829 000 millones de dólares en los
próximos diez años—, en una nación donde 46 millones de
estadounidenses carecen de cobertura médica. Sobre el tema la
agencia italiana de noticias ANSA refirió: "Con la reforma del
sistema de salud, el presidente de Estados Unidos se lanzó contra
uno de los mayores símbolos del capitalismo salvaje en su país,
despertando la furia de los republicanos y las reacciones de la
multimillonaria industria de la medicina".
La salud y la vida de millones de personas se mantienen cautivas
por el "negocio de la enfermedad". El mercado de la industria
farmacéutica es el cuerpo humano. Buena parte de las drogas que
promocionan no tienen una eficacia probada —la conocida Viagra, del
laboratorio Pfizer, por ejemplo, "popular" por sus "virtudes" para
contrarrestar la disfunción eréctil en el hombre, ha generado
alertas por provocar ataques cardíacos, muertes súbitas e
hipertensión—, y muchas son, a veces, tóxicas para el cuerpo humano,
y provocan serios efectos colaterales, nuevas enfermedades e incluso
la muerte.
El tema de los medicamentos y sus dosis es un gran problema en
Estados Unidos.
Así lo confirmó la triste noticia del fallecimiento del rey de la
música pop, Michael Jackson, quien a los 50 años de edad murió de un
paro cardíaco el pasado 25 de junio en su mansión de Beverly Hills
por una sobredosis de medicamentos recetados por su doctor de
cabecera Conrad Murria. Las autoridades forenses confirmaron que el
deceso de Jackson no fue un accidente, sino un homicidio.
Una frase de la reconocida dramaturga y poeta estadounidense
Dorothy Parker es hoy una sentencia: "Las dos más importantes
palabras del idioma inglés son: cheque adjunto".