El tema salió a relucir durante la recién celebrada reunión de la
prensa especializada con la Dirección Nacional de Béisbol. No es
nada nuevo, mas bien recurrente, pues en diversas oportunidades ha
sido tocado, con mayor o menor profundidad: la demora de los juegos
y su íntima relación con la zona de strike.
El
eterno enfrentamiento pitcher-bateador está regido por la zona de
strike.
Si algo demora un partido de béisbol, en cualquier parte del
mundo, es la base por bolas. Un mínimo de cuatro lanzamientos —a
veces el doble, entre strikes y fouls—, el bateador que suelta el
bate, se desprende de toda la parafernalia acompañante (rodillera,
codera) y en la mayoría de los casos va lentamente hacia la primera
almohadilla. Segundos que se convierten en minutos cuando aparece el
descontrol y las transferencias llueven.
Antes de continuar, me veo obligado a ofrecerles una definición
de la zona de strike. La oficial dice lo siguiente: es aquella
área sobre el home cuyo límite superior es la línea media entre los
hombros y el límite inferior la parte de debajo de las rodillas. La
zona de strike será determinada desde la posición de batear en el
momento que el bateador está preparado para tirarle a una bola
lanzada.
A simple vista aquí hay un problema, por cuanto si se toma como
referencia la posición del bateador, la zona está en dependencia de
la forma adoptada por este en el cajón, además de que todos los
bateadores no tienen la misma estatura. Pero en cuanto al ancho de
la zona, alcanza 17 pulgadas de un lado a otro, las llamadas
"esquinas", pocas veces cantadas en nuestro béisbol. Y una pulgada,
o menos, puede ser la diferencia entre un ponche y una base.
No soy dado a las generalizaciones y, por tanto, no puedo afirmar
que TODOS nuestros árbitros tienen una zona de strike muy estrecha.
Pero sí muchos de ellos. Y esto perjudica grandemente a los
lanzadores, ya maltratados por la bola viva y otro sinnúmero de
factores que les complican sobremanera su trabajo en el montículo.
"Cerrar" la zona solo acarrea dificultades y pérdida de tiempo.
Pero también perjudica a nuestros bateadores quienes,
acostumbrados a una zona estrecha que no tiene en cuenta las
esquinas, esperan lanzamiento tras lanzamiento, en conteos
favorables y a pesar de tener altas responsabilidades ofensivas: un
tercer, cuarto o quinto bate "negociando" una base por bolas no es
compatible con un béisbol de alto nivel.
A esto le podemos sumar las protestas, del monticulista porque no
le han cantado un lanzamiento muy parecido a un strike, o del
bateador que se siente perjudicado porque lo que él creía bola no lo
era, a juicio del árbitro de home. Quizás nuestra Serie Nacional sea
el evento de mayor cantidad de protestas en todo el firmamento
beisbolero.
¿Qué hacer? Unificar criterios. Árbitros de calidad tenemos, unos
con más experiencia, otros con menos. Observar videos de otras ligas
—de Estados Unidos, México, Venezuela, R. Dominicana, por citar solo
algunos países—, reunir a los oficiales que imparten justicia en
nuestros campeonatos, de todas las categorías y discutir hasta
llegar a conclusiones. Se impone este trabajo de reunificación de
criterios. Para ganar en tiempo y hacer nuestro béisbol más
atractivo.