El
premio flaco significó en 1964 un hito en la escena cubana.
Quien dos años antes hubiera legado a la dramaturgia insular
mediante Contigo pan y cebolla, una página ejemplar por el
manejo de un humor con tintes dramáticos, revelador de la grisura
del ámbito familiar urbano hacia la medianía del siglo pasado, se
anotaba nuevos puntos con una obra de alto vuelo, metáfora
tragicómica e implacable sobre los límites entre la felicidad y la
desdicha, el éxito y el fracaso.
Cuarenta y cinco años después, la pieza de Héctor Quintero,
Premio Nacional de Teatro 2004 por su notable trayectoria artística,
cobra renovada vida en la pantalla, a través de una versión fílmica
dirigida por Juan Carlos Cremata (Nada, Viva Cuba).
Este será el saludo del Instituto Cubano del Arte e Industria
Cinematográficos el próximo 20 de octubre al Día de la Cultura
Cubana. Esa noche tendrá su premier por invitación en la sala
Chaplin, antes de recorrer el circuito nacional de estreno.
Al llevar la obra de la escena al cine, Cremata no hizo más que
cumplir un sueño que comenzó a incubarse, desde que en los años
setenta asistió a una puesta dirigida por el propio Quintero en la
sala Hubert de Blanck.
"Tan marcado quedé —declaró Cremata—, que ahora en la película he
intentado reconstruir muchos de los elementos de ese hermoso
recuerdo. Después la interpreté y la dirigí cuando hacía teatro
aficionado, me la aprendí de memoria y de vez en cuando, volvía a
ella para repasar su excelente manejo del diálogo y de las
situaciones dramáticas, su humor tan criollo, su gracia y de alguna
manera todo eso influyó en nuestra visión estética, quiero decir en
este y en el resto de todos nuestros proyectos."
En la película el papel de Iluminada, que tan grandes intérpretes
ha tenido (Candita Quintana, Ana Viñas y Aida Conde, entre otras) es
asumido por Rosa Vasconcelos. La acompañan en el elenco Alina
Rodríguez, Luis Alberto García, Blanca Rosa Blanco, Sandy Marquetti,
Yerlín Pérez y Paula Alí. El público agradecerá la presencia,
además, de Osvaldo Doimeadiós, Omar Franco y Carlos Gonzalvo (el
popular Mentepollo).
Cremata, quien contó nuevamente con la colaboración de su madre
Iraida Malberti en la dirección, confió la escenografía y la música
a dos primos suyos, Guillermo y Amaury Ramírez, mientras la
fotografía corrió a cargo de Oscar Valdés.