Autora de otros libros de poesía: El pensamiento común
(1966), ¿Qué sueños los envuelven? (1984), Paisaje
habitual (1986), Allí donde (1996), Dónde estábamos
entonces (1998) y Espectáculo privado (2003), Basilia es
editora y periodista, además de conocida anfitriona del Café Aire de
luz.
Su libro premiado, un cuaderno de setenta y siete páginas y
versos cortos, consigue estructurar un trabado discurso sobre el ser
y su tiempo. Su mayor logro: la congruencia entre escritura y
reflexión.
¿Supone Cuando ya el paisaje es otro cierto cambio en
relación con tu obra anterior?
"Creo que no demasiado, al menos desde el punto de vista formal.
Lo que sí veo es que, de todos mis textos anteriores, es el que más
se ha comunicado con un mayor número de personas, y de las más
diversas. Esto me ha sorprendido mucho porque reconozco que mi
poesía no es de fácil lectura."
Siempre tus poemarios tienden a ser breves, pero captan un
universo en el que nada parece sobrar...
"Es cierto que mis libros son breves, porque se desarrollan por
lo general en forma de ciclos o series que me "reclaman" ponerles
fin; es como si se fuera ensamblando y configurando un cuerpo de
formas significantes, cuyo principio y final parecerían
independientes de mi propia voluntad, como si la escritura misma,
autónomamente, decidiera. De tal manera que, aunque quisiera, a ese
pequeño universo de palabras creado no podría quitarle nada, ni
extenderlo o inflarlo. Por eso cuando algún editor me pide que trate
de agregar poemas a un libro para que tenga mayor volumen, me coloca
ante un problema para mí imposible de resolver."
A muchos cuesta aceptarte, incluso en las antologías, como parte
del cuerpo de poetas cubanos, dada tu doble condición de argentina y
cubana. ¿Crees que ese supuesto se deba más a ello que a tu modo de
hacer la poesía?
"Pienso que se debe un poco a las dos cosas. Como ya te dije, mi
poesía no es fácilmente asimilable por lectores ni por realizadores
de antologías no acostumbrados a un lenguaje de ruptura, a versos
que no se someten a cánones ni a concepciones formales ya
establecidas, ya tradicionales y consagradas; por lo que sienten
natural desconfianza ante una escritura que quiere ser diferente.
Por otro lado, puede también que haya todavía algunos a quienes les
cueste verme, después de vivir en Cuba desde hace ya cuarenta años,
como parte legítima de la cultura literaria de la Isla. También hay
en nuestro continente, por algún equivocado sentimiento chovinista,
quienes no entienden aún que los latinoamericanos somos un solo
pueblo."
En lo personal, ¿qué te ha reportado Aire de luz, ese espacio de
lectura y confrontación de la poesía que se hace hoy en el país?
"Sentirme viva y activa, es decir, no envejecer también por
dentro, mentalmente. Además, no hay nada más estimulante y
enriquecedor para los escritores "maduros" que el diálogo con las
más nuevas generaciones de autores. De ellos también podemos
aprender mucho."
Y el premio, ¿cómo lo has recibido?
"Con una satisfacción enorme, como es natural. Aunque te confieso
que, muy secretamente en mi interior de alguna manera lo esperaba,
dada la tan amplia aprobación que alcanzó Cuando ya el paisaje es
otro entre quienes ya lo leyeron, lo que, como ya te dije, me
asombró porque mi escritura poética, hasta ahora, no parecía ser
demasiado comunicativa."