La incorporación de Camilo al grupo expedicionario en México no fue
fácil. No había sido enviado por el Movimiento 26 de Julio, como la
mayoría de los que vendrían en el Granma. Su único aval era la
cicatriz en la pierna que resultó de la herida de bala en la
manifestación contra la dictadura batistiana y una extraordinaria
disposición de luchar por Cuba.
El viernes 21 de septiembre de 1956, Camilo Cienfuegos Gorriarán
llega a México procedente de Estados Unidos y comienza la búsqueda
para contactar a Reinaldo Benítez con el propósito de incorporarse a
la expedición del Movimiento 26 de Julio.
A Benítez lo conocía de La Habana, cuando era empleado de la
tienda El Encanto, mientras Camilo lo era en la tienda El Arte y
ambos coincidían para almorzar en un local, como especie de fonda,
situado en la calle Neptuno.
Benítez fue a ver a Fidel y le plantea la petición de Camilo.
Pero Fidel de inicio se niega a que ingrese, alegando que todo está
listo y solo falta arrancar. No se desilusiona Benítez y fue a ver
entonces a Raúl Castro, a quien insiste, pero este también se niega
a aceptar a un nuevo combatiente.
Pese a lo reiterado de la negativa de su incorporación, Camilo
continúa insistiendo y Benítez vuelve a hablar con Fidel, hasta que
por fin es aceptado.
En verdad, Fidel dejó transcurrir algún tiempo para informarse en
detalle sobre la procedencia de aquel joven emigrado y conocer sus
propósitos. Así, en días anteriores trató de indagar con Pablo Díaz,
pero sin resultado. Encomendó también a René Rodríguez vigilar sus
pasos y esforzarse por conocer sus intenciones. Pero resulta que
René conocía bien desde La Habana la actitud decidida de Camilo de
enfrentamiento a la dictadura, lo que rápidamente informó a Fidel.
Así, fue uno de los últimos compañeros en ser aceptados para
venir en la expedición del Granma.