No diferente al contexto nacional, la provincia tunera suele
preparar numerosas actividades y acciones que insertan o atraen a
niños, jóvenes, adultos y personas de avanzada edad, partiendo de
realidades muy concretas: todos usamos la vía (unos como
conductores, otros como peatones¼ ), el
precio de las violaciones e imprudencias no respeta sectores, edad o
sexo; estadísticas mundiales refieren alrededor de 1,2 millones de
muertes cada año por accidentes de tránsito¼
Por eso, a la par de las exposiciones, charlas, demostraciones,
presentación de círculos de interés, competencias de habilidades,
reconocimiento a choferes destacados, y otras iniciativas, las
autoridades de Tránsito insisten en que urge acentuar la disciplina
y la educación vial.
Técnicamente hablando, pareciera que tal misión solo toca a
expertos, policías, patrulleros y demás trabajadores vinculados en
directo a la prevención de esos lamentables sucesos.
Yerra quien así lo crea. El comportamiento que ha tenido ese
asunto en territorios como el de Las Tunas es fehaciente: comparado
con igual etapa del año precedente hay cinco accidentes menos, 47
lesionados por debajo de aquella cifra, pero¼
cinco muertes más. Y entre las principales causas afloran las
imprudencias de peatones, la indisciplina vial, negligencias por
parte de ciclistas...
Al evaluar hechos lamentables asociados a la ingestión de bebidas
alcohólicas, se advierte mayor incidencia de esa nociva práctica
entre los peatones involucrados en accidentes que en los conductores
de vehículos.
En casos así la pregunta es obvia: ¿acaso deben los compañeros de
Tránsito idear y aplicar fórmulas para que los ciudadanos no beban
(alcohol) en exceso, o es ese un asunto que "transita" también por
otras vías: familia, barrio, escuela, Ministerio de Salud Pública,
medios de comunicación, sociedad en general?
No solo el desconocimiento de lo que norma el Código de Vialidad
y Tránsito (Ley 60) ocasiona hechos fatales. La prudencia suple
muchas veces ese desconocimiento y evita el luto. Quien ha sido bien
educado y mantiene una actitud disciplinada ante el estudio, el
trabajo y demás momentos de la vida, difícilmente pedalee contra el
tránsito, vulnere la señal de pare o arriesgue su existencia
creyéndose dueño de la vía mientras camina por el centro de ella,
sobrio o totalmente ebrio (la muerte carga por igual).
Muy poco logra el Estado destinando millones de pesos al
mejoramiento de señales, reparación de vías, capacitación de
especialistas, adquisición de moderna técnica¼
si en el orden social no cuajan la verdadera sensibilidad,
conciencia, cultura y comportamiento que este asunto requiere.
No hay que peinar canas para recordar el injustificable modo en
que desaparecieron de nuestras carreteras miles y miles de pequeñas
señales lumínicas o refractarias, cuya utilidad para la conducción
nocturna jamás podrán imaginar quienes las arrancaron para adornar
bicicletas, carretones o simplemente para hacer daño.
Por ello, sirvan estos días también para comprender que después
de 45 años celebrando la Jornada Nacional del Tránsito continúa
siendo imprescindible el concurso de todos, si de verdad deseamos
que nadie pierda inútilmente la vida en esos accidentes que puntean
entre las más recurrentes causas de dolor y de muerte aquí y en
otras partes del mundo.