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Cintio Vitier: Martí como paradigma
En horas de la tarde de ayer falleció en La Habana
a los 88 años de edad Cintio Vitier, uno de los más notables
intelectuales cubanos de nuestra época, reconocido no solo por su
creación poética sino por la extraordinaria pasión dedicada al
estudio y promoción del pensamiento del Apóstol. Su pueblo le rinde
honores en el Centro de Estudios Martianos
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Entre las
huellas más hondas, perdurables e iluminadoras del quehacer
intelectual del siglo XX en esta Isla, estará siempre la de Cintio
Vitier. Era un cubano real, fiel a la razón poética y a la pasión
martiana que animó toda su vida.
En
1996, el Comandante en Jefe Fidel impuso a Cintio la Orden José
Martí.
Nacido en Cayo Hueso de padres cubanos el 21 de septiembre de
1921 —su progenitor fue el filósofo Medardo Vitier—, cursó sus
primeros estudios en Matanzas y luego se trasladó a La Habana, donde
desde muy joven descubrió su vocación literaria y se integró al
grupo Orígenes, de gran significación para la cultura nacional a
partir de la década de los cuarenta del siglo pasado.
Desde entonces compartió su vida con Fina García Marruz, también
destacada poetisa y autora de importantes ensayos sobre José Martí.
Y compartió con ella y sus entrañables amigos de aquello que alguien
llamó taller renacentista, liderado por el inefable José Lezama
Lima, la angustia existencial de una república que traicionaba el
legado del mártir de Dos Ríos.
En esos caminos halló en el estudio de lírica insular un asidero
y un fundamento para la resistencia. En tal sentido resultaron
reveladoras las lecciones que impartió en el Lyceum de La Habana y
que reunió en un volumen esencial, Lo cubano en la poesía,
que vio la luz cuando el régimen tiránico estaba a punto de ser
derrocado por la insurrección popular.
Al definir la estatura humana y patriótica del poeta, Abel Prieto
comentó: "Ante cada encrucijada ética, Cintio ha sabido siempre
situarse donde debía".
Así
sucedió con el advenimiento de la Revolución, a la que entregó su
talento y su voz, a contrapelo de prejuicios e incomprensiones
derivados de su filiación católica. También sufrió ataques por parte
de elementos oportunistas. Llegó, sin embargo, a una conclusión:
"Creo que el cristiano sincero debe estar al lado de la Revolución
porque es el único esfuerzo real que se ha hecho en nuestro país por
cumplir el mandato de Yavé y de Cristo de hacerle justicia al pobre
y rechazar la explotación y el lucro. (¼
) Con mi adhesión a la obra social y a la postura internacional de
la Revolución, quisiera contribuir, aunque fuese mínimamente, a la
integración dialéctica, en el futuro latinoamericano, de marxismo y
cristianismo".
Al abordar en una entrevista que le hiciera el colega Ciro
Bianchi Ross su actividad intelectual en los sesenta, Cintio la
resumió del siguiente modo: "En enero del 59 redacté el documento de
adhesión de los intelectuales y artistas cubanos a la Revolución, y
empecé a dirigir la Nueva Revista Cubana, de la Dirección de Cultura
del Ministerio de Educación. Durante el curso 59-60 trabajé como
profesor de Literatura Cubana e Hispanoamericana y director del
Departamento de Estudios Hispánicos, fundado por don Federico de
Onís, en la Universidad Central de Las Villas. (¼
) En 1962 publiqué la edición crítica y facsimilar de Espejo de
paciencia y pasé como investigador al Departamento de Colección
Cubana de la Biblioteca Nacional. En enero del 68 me hice cargo con
Fina de la Sala Martí y del Anuario Martiano. (¼
) En abril del 69 participé en la recogida de tabaco cerca de
Alquízar y en noviembre del mismo año, en el corte de caña para el
central Habana Libre¼ ".
Junto
al amor de su vida, la poetisa y ensayista Fina García Marruz,
también Premio Nacional de Literatura, durante una visita a la
madrileña Residencia de Estudiantes, forja de intelectuales.
Fueron años de incesante laboreo poético, cosecha que volcó en el
libro Testimonios (1968), pero también de intensa
introspección en los fundamentos del ser nacional. En 1975 vio la
luz en México una de sus obras cenitales, Ese sol del mundo
moral: para una historia de la eticidad cubana.
La creación del Centro de Estudios Martianos le dio un nuevo
impulso a sus investigaciones y reflexiones sobre el legado del
Apóstol. Desde allí comenzó a dirigir la edición crítica de las
Obras Completas de Martí.
Su irrupción como novelista con De Peña Pobre (1978),
Los papeles de Jacinto Finalé (1984) y Rajando la leña está
(1986) fue recibida como una extensión de su ejercicio poético.
En 1988 mereció el Premio Nacional de Literatura. Ese mismo año
lo condecoraron con la Orden Félix Varela por su enorme contribución
a la cultura nacional. Por sus méritos patrióticos, el Consejo de
Estado le confirió en 1996 la Orden José Martí, máxima condecoración
de la nación cubana. De su ejemplar participación ciudadana hablan
los años en que se desempeñó como Diputado a la Asamblea Nacional
del Poder Popular.
A escala internacional su obra fue reconocida en el 2002 con el
Premio Latinoamericano Juan Rulfo, acontecimiento para él conmovedor
puesto que su fraterno Eliseo Diego había recibido antes tan
significativo lauro.
Entre las cruzadas emprendidas con mayor entusiasmo por el poeta
estuvo la campaña para la edición de los Cuadernos martianos,
destinados a promover en las nuevas generaciones el amor y el
conocimiento de la obra del Maestro. Y fue cosa de verlo con
arrestos juveniles al lado de la justicia en el reclamo por la
devolución del niño secuestrado por la mafia anticubana y luego por
la liberación de los Cinco compatriotas luchadores antiterroristas
que guardan prisión en cárceles norteamericanas.
Valgan estas palabras suyas como definición de radical civismo:
"Identidad no coincide con tipicismo. Típico de cierta dimensión
clasista del cubano fue el autonomismo; típica ha sido también la
afición pronorteamericana, el anexionismo que, según Martí, en la
república seguiría siendo problema ‘constante y grave’. Pensar que
ambas tendencias colonialistas forman parte de nuestra identidad
nacional, es a mi juicio negarla. Forman parte, sí, de una
caracterización histórica. Pero, la identidad, lo que nos identifica
como cubanos reales, solo puede ser el independentismo y por lo
tanto el antimperialismo. Claro, cada cual puede escoger su
paradigma. El mío es José Martí". |