Soy un hombre feliz, asegura el autor de la Marcha del 26 de
Julio, Agustín Díaz Cartaya, de cumpleaños este viernes, pero que a
despecho de esa plenitud y sus 80, confiesa tener aún el corazón
repleto de ilusiones y de sueños.
De los pioneros cubanos recibió esta mañana la primera visita y
el más grande regalo este niño grande, quien con apenas 22 años fue
doblemente elegido por Fidel, para participar en el asalto a los
cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y para componer el
himno que los acompañaría al combate el 26 de julio de 1953.
Gracias "por enseñarnos a andar por los caminos de la Patria" y
un sinfín de besos, abrazos y felicitaciones dieron los pequeños a
Díaz Cartaya, que compartió con ellos el cake y respondió a cada una
de sus preguntas con infinito amor, convertido el hogar en aula y la
informal plática en una lección magistral de vida e historia.
Les habló del joven negro, pobre, pelotero, cantante y compositor
aficionado que fue, de la audacia de aquella mañana de la Santa Ana,
de los vejámenes y torturas al ser detenido tras el asalto al
cuartel de Bayamo, de la prisión fecunda en Isla de Pinos, de todos
estos años en Revolución y, sobre todo, del presente y el futuro.
Ningún premio puede compararse al orgullo que sentí cuando,
cantado por los moncadistas, en repudio a la presencia del tirano
Batista, ese himno de combate y victoria que es la Marcha del 26 de
Julio estremeció hasta sus cimientos del Presidio Modelo, destacó el
veterano combatiente.
Como preso político que fui, admiro infinitamente a
Gerardo Hernández,
René González,
Antonio Guerrero,
Ramón Labañino y
Fernando González, el altruismo, dignidad, valor,
estoicismo, lealtad a los principios y fe inquebrantable en la
justeza de su causa de esos
cinco compatriotas prisioneros en Estados Unidos, enfatizó.
Pienso en ellos y me veo de pie ante los siete esbirros que me
golpeaban, quemaban con cigarrillos y me azotaban con "bichos de
buey" una y otra vez, mientras yo me decía: "Resiste, Agustín, no
grites ni te quejes y que no logren tumbarte, porque en el piso eres
hombre muerto".
Uno de esos grandes sueños míos es verlos regresar pronto a la
Patria, poderlos abrazar y agradecerles su entereza y sacrificio, no
sólo por su pueblo, porque al combatir el terrorismo defendían a la
Humanidad toda, destacó Díaz Cartaya.
Y concluyó: "Miro mi vida, la obra inmensa de la Revolución y los
miro a ustedes, a las nuevas generaciones de cubanos y no puedo más
que sentirme feliz, pleno y absolutamente convencido de que esta
será por siempre la Cuba libre que soñamos y por la cual fuimos al
combate el 26 de julio de 1953.