A partir de los 43 casos importados que se han reportado este
2009 (viajeros enfermos procedentes de otros países), uno de ellos
causó el pasado mes de julio un brote secundario de 10 casos en el
municipio capitalino de Centro Habana, y el otro radicado en el área
de Miramar, Playa, origina en el momento actual un "enfrentamiento
epidemiológico" de las autoridades sanitarias ante la posibilidad de
brotes secundarios.
Los restantes 41 casos importados, diagnosticados en diversas
provincias del país, no motivaron trasmisión secundaria de la
enfermedad y en el momento actual, desde el punto de vista médico,
son "casos cerrados".
Cuando se detecta un caso de dengue en un área, y para evitar la
aparición de brotes e incluso una epidemia, las autoridades
sanitarias desencadenan un "verdadero operativo a favor de la salud"
en la búsqueda de personas febriles, la existencia de focos del
Aedes aegypti, se realiza fumigación intra y extradomiciliaria e
incluso se establece la hospitalización preventiva en personas con
fiebre. Cualquiera de estas acciones incluye en áreas de alta
densidad poblacional unos 4 000 ciudadanos, en las que el país eroga
cuantiosos recursos económicos.
La OPS considera este 2009 como el año de más intensidad de
dengue epidémico en la región de las Américas, donde se reporta la
enfermedad en 35 países. Hasta el 24 de agosto pasado se registraban
613 893 casos de dengue (11 601 hemorrágico, la forma más grave de
esta dolencia), con 211 defunciones.
Cuba no vive aislada del mundo. Nuestras estrechas relaciones de
cooperación, no obstante los controles sanitarios internacionales
vigentes, posibilitan que el dengue constituya una amenaza también
para nuestro país.
La resolución 101 del Ministerio de Salud Pública, rubricada por
el ministro José Ramón Balaguer el pasado 2 de junio, establece
nuevas indicaciones para el Control Sanitario Internacional a
viajeros de organismos de la Administración Central del Estado y
otras entidades nacionales, donde se fijan los deberes y
responsabilidades de los cooperantes, becarios y viajeros en
general. Pero requiere sobre todo la más alta responsabilidad de
cada viajero en particular.
En cuanto al dengue es importante conocer que el peligro de
trasmisión está vinculado a la presencia del vector, el Aedes
aegypti, porque para que se origine la trasmisión tiene que existir
una persona enferma, el vector o trasmisor y un susceptible (una
persona sana).
Por tanto, en todo lugar donde viva y se multiplique el Aedes
aegypti, hay riesgo de dengue y de dengue hemorrágico.
Si de manera conjunta en nuestro barrio —en cada casa, centro de
trabajo y en los alrededores— ponemos en marcha sistemáticamente
acciones contra el Aedes, cualquier índice de infestación existente
podría disminuir en un alto porcentaje.
Ellas son, fundamentalmente, mantener los depósitos de agua
tapados y cepillarlos en su interior con una frecuencia semanal;
colocar boca abajo, y preferiblemente bajo techo botellas, pomos y
otros recipientes; perforar las latas antes de botarlas.
Igualmente, las plantas ornamentales deben sembrarse en tierra y
cambiar el agua de floreros y vasos espirituales en días alternos;
romper los cascarones de huevo (triturarlos); destruir los
neumáticos no útiles y poner bajo techo los útiles; cambiar
diariamente el agua de los bebederos de animales y cepillarlos
también una vez por semana; en patios y azoteas, eliminar las aguas
estancadas o cualquier objeto que pueda almacenar agua; revisar
semanalmente las gavetas de refrigeradores y aires acondicionados.
No está ajeno el viceministro Estruch a los problemas existentes
de saneamiento ambiental, salideros, fosas desbordadas, trabajos
incluso de mala calidad atribuibles a los responsables por el buen
desempeño del programa de vigilancia y lucha antivectorial, que en
ocasiones conspiran contra los esfuerzos y recursos que destina el
país para la erradicación del Aedes aegypti.
Por ello hace un llamado a la participación popular en el
saneamiento dentro de la vivienda y sus alrededores, porque, dice,
sin esa participación consciente y masiva de cada miembro de la
comunidad no es posible alcanzar el éxito deseado.
Es invalorable la acción a favor de la salud que puede realizar
cada miembro de la familia al erradicar potenciales criaderos del
peligroso vector y en apoyo también a las tareas que realizan en las
viviendas los trabajadores de la campaña.