Delfinario

Raúl López Sánchez

Ir al acuario y ver la capacidad, habilidad y destreza con que entrenadores y delfines deleitan a los espectadores es un bello espectáculo; pero este se ve empañado a la hora de entrar al delfinario.

En el horario de la tarde, la mayoría de los que esperan para entrar se refugian donde haya una sombra que los proteja del inclemente Sol; pero cuando llega la hora de entrar solo existe la ley del más fuerte y se forma lo desagradable, donde niños y ancianos son maltratados.

   
   
   
 

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