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El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas realiza hoy una sesión de
consultas en torno a la situación en Honduras a solicitud de Brasil
por el deterioro de la crisis en ese país centroamericano.
Las discusiones fueron acordadas a partir de una carta presentada
por el gobierno brasileño ante el aumento de la tensión y el cerco
implantado por las autoridades golpistas hondureñas en torno a la
embajada de Brasil en Tegucigalpa.
El conflicto estalló en junio pasado cuando el presidente
constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, fue depuesto por la
fuerza y expulsado al extranjero, lo que motivó una dura reacción
internacional, incluida la Asamblea General de la ONU.
El máximo órgano de Naciones Unidas aprobó entonces una
resolución de condena al golpe de Estado y al quebrantamiento del
orden constitucional y democrático en ese país y demandó la
inmediata e incondicional restauración del gobierno de Zelaya.
Sin embargo, la situación aparece ahora más compleja tras el
sorpresivo retorno del jefe de Estado depuesto y su alojamiento en
la embajada brasileña en Tegucigalpa, cuyo inmueble se encuentra
asediado por fuerzas militares y de la policía que amenazan con
irrumpir en la instalación diplomática.
Las condenas al golpe y el reclamo por la restitución de Zelaya
en el poder se ha convertido en una exigencia constante en los
discursos de decenas de presidentes del mundo entero que desde hace
dos días participan aquí en el debate general de la asamblea de la
ONU.
El asiento de Honduras en ese foro está ocupado por Patricia
Rodas, canciller del gobierno constitucional que preside Zelaya.
América Latina está representada ahora en el Consejo de Seguridad
por México y Costa Rica.
El primero ocupa la presidencia del Grupo de Río y en esa
condición emitió una declaración hace dos días para respaldar el
regreso pacífico de Zelaya a su país y exigir el respeto de la
integridad física del mandatario y su familia.
Asimismo, repudió los actos de violencia e intimidación contra la
embajada de Brasil en Tegucigalpa y abogó por establecer un diálogo
para la reconciliación nacional y una solución pacífica a la crisis
en Honduras.
Por su parte, el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, fue la
figura que, con el respaldo de Estados Unidos, trató de mediar en el
conflicto a principios de la crisis, pero su plan fue rechazado por
los golpistas.