Llama la atención un aspecto que la hace inconfundible: su
evolución a lo largo de 70 años sin perder el timbre que la
identifica ante varias generaciones de bailadores y en el que, de
una forma u otra reparan críticos y admiradores. En las páginas del
diario francés Le Matin se dijo: "La Orquesta Aragón está ahí,
inmutable, siempre imitada, pero jamás igualada..."
Y, este timbre, nada fácil de obtener, en un panorama en que es
difícil distinguir a una agrupación de otra, pues una gran mayoría
de ellas suena por el estilo, avala el significado que se atribuye a
la Aragón: la Charanga Eterna.
El
legado de Rafael Lay Apesteguía está en las manos de los nuevos
Aragones.
En mayo de 1978, en su primer viaje a México, los Aragones
actuaron exitosamente en el Festival Afro Antillano celebrado en el
Salón Maxim’s, y en otros importantes escenarios de Ciudad de
México, pero un baile en Veracruz sirvió de ejemplo de la
trascendencia de su timbre. La Aragón tocó en el Auditórium de la
Ciudad Puerto, un domingo, en el que al siguiente día se trabajaba.
El baile había sido organizado por la Universidad del Estado y casi
a la hora del comienzo no eran muchos los que entraban en el vasto
local. Más de un comentario escéptico se cruzó entre los músicos y
los anfitriones, que solo respondían sonrientes y comprensivos:
"Esperen a que comiencen a tocar..."
Sonaron los primeros números y como por arte de magia comenzaron
a arribar en oleadas los bailadores jarochos, y Rafael Lay
Apesteguía le pidió al redactor que averiguara lo que había pasado.
Era que la actuación estaba siendo transmitida por la principal
emisora de la región, bajo el reclamo: "¡Escúchenla, es la legítima
Orquesta Aragón, directamente desde La Habana!" Es que la cubana
agrupación había sido anunciada en más de una ocasión y otras
orquestas trataron inútilmente de hacerse pasar por ella.
A finales del siglo pasado, la orquesta se presentó en Londres.
El poeta y periodista Pedro Pérez Sarduy escribió en una elocuente
crónica:
"El Barbican Centre de Londres dejó abiertas sus cuatro semanas
de conciertos de música popular, con la orquesta Aragón aunque no
figuraba en la promoción de las ‘leyendas’ de la música cubana que
anuncian su llegada a Londres, donde sí figuran ‘dos de las
superestrellas de Buenavista Social Club, Ibrahim Ferrer y Rubén
González’, las tres plantas del formidable teatro del Barbican se
estremecieron con un público receptivo, bailador y multinacional que
desde los primeros acordes clásicos de la agrupación le tributó una
tras otra ovación durante los veloces 60 minutos que duró su
presentación. Evidentemente fueron los organizadores los que no
aquilataron el impacto de esta rejuvenecida agrupación, fiel al
legado musical que tan acertadamente ha concertado su director,
Rafael Lay, hijo. Luego de un cha cha cha de la década de 1950, la
orquesta interpretó con gran magisterio y sobriedad, La Reina
Isabel, aquel hermoso danzón-cha de Electo Rosell, en homenaje,
según el propio Lay, a una reina del carnaval habanero, que por
coincidencia llevaba el mismo nombre que la soberana del Reino Unido
de Gran Bretaña. Aun así, la ovación y las exclamaciones de ‘bravo’,
estallaban con todas y cada una de las piezas clásicas".
Parece que, para suerte nuestra, solo habrá una única Aragón y en
las vísperas de aquel 30 de septiembre de 1939 en que tocó su primer
baile en Cienfuegos, Rafaelito Lay Bravo debe sentirse orgulloso de
lo logrado al frente de ella en los últimos años, como lo hizo su
padre, Rafael Lay Apesteguía, cuando en 1948 se hizo cargo de su
dirección y abrió una nueva etapa a la orquesta que habían fundado
los maestros cienfuegueros, el contrabajista Orestes Aragón y el
flautista Efraín Loyola.