En esa competencia por el rencor, sin lugar a dudas Arturo
Sandoval ganó los máximos honores. Como si interpretara un cornetín
mentiroso y desafinado, el artista llegó a decir que "era una falta
de respeto de Juanes hacia todos los cubanos" cantar en La Habana y
afirmó: "Yo estuve preso, no saben lo que me hicieron; no es posible
que Juanes lleve la música a los comunistas".
Quiero hacer un poco de memoria. El 24 de marzo de 1989, quien
esto escribe publicó una nota en Granma sobre un concierto
ofrecido por Sandoval en el Teatro Nacional, en el que interpretó un
concierto de Haydn. Ante algunas observaciones críticas de
naturaleza estrictamente estética, el trompetista escribió una
indignada misiva a las autoridades políticas con copia al director
del diario en la que exigía reparar "las ofensas recibidas" a tenor
de que "soy un artista revolucionario y es inadmisible que en el
Órgano de nuestro Partido se critique a alguien que ha puesto la
cultura de la Revolución en un alto sitial internacional".
Hace apenas 24 horas, en Santo Domingo, Sandoval manifestó en una
entrevista a la presentadora Luz García para el programa Noche de
Luz: "Yo no conozco a ese señor (Juanes), por tanto para mí es
igual a nada en la música". Qué lindo ejemplo ético, ¿verdad?
En su comentario del miércoles último sobre el concierto, El
Duende, voz crítica del entorno floridano que se expresa por Radio
Miami, apuntó cómo "a los que pierden siempre les queda el consuelo
del derecho al pataleo". Ese es el triste recurso al que apeló un
periodista de origen portugués asalariado de El Nuevo Herald, que el
propio miércoles, haciéndose eco de un video doméstico manipulado y
sin cumplir los mínimos requerimientos profesionales que exigen
verificar las fuentes, lanzó el bulo de la supuesta irritación de
Juanes "por el control del régimen castrista".
Ni quien tomó y vendió las imágenes ni el apresurado redactor se
ocuparon por saber qué sucedió en verdad. Simple y llanamente el
cantautor, a todas luces nervioso ante el reto que se había
impuesto, tuvo un exabrupto en las primeras horas del domingo frente
a los elevadores del Hotel Nacional al confundir la identidad de una
persona. De inmediato se le aclaró que se trataba del sommelier del
Salón Aguiar, un joven pero experto trabajador de la instalación que
únicamente se disponía a ofrecer su servicio. Juanes se disculpó no
solo con el joven sino con todos los trabajadores testigos del breve
y puntual desaguisado.
Quienes trataron de manipular el incidente debían haber escuchado
la confesión que el propio Juanes hizo a la colombiana Radio Caracol
cuando le preguntaron cómo la pasó después del concierto: "Estuvimos
en una parranda buenísima en el hotel, sacaron la guitarra, cantamos
canciones de Silvio, y estuvimos Olga Tañón y Miguel Bosé y el
maestro Vicente Feliú".
Un día antes del concierto, Raúl Alarcón, presidente de Mega TV;
Emilio Estefan, zar de la industria del espectáculo enclavada en
esos predios, y el cantante Willy Chirino, dieron a conocer por su
parte una fabulosa y falaz historia en las páginas de El Nuevo
Herald, con la evidente intención de tratar de descalificar el acto
cultural de la Plaza.
En carta enviada al periódico por Alarcón, este dice que "en
varias ocasiones fui convocado para reunirme en mi casa junto con
Juanes, y otros ejecutivos y artistas de la industria, entre ellos
el señor Emilio Estefan y Willy Chirino. El único propósito de las
reuniones era para que de buena fe Juanes lograra incluir a varios
artistas cubanos que residen en Miami, en Paz sin Fronteras ya que
si se le iba a cantar al pueblo cubano, debían estar presentes los
cantantes cubanos en el exilio, algo que hubiera demostrado que la
real apertura se estaba dando, y como Dios manda, sin restricciones
ni censuras".
Alarcón sabe que la historieta que cuenta no es así. En realidad
el convocante fue él, quien preparó, sin la menor gota de buena fe,
una encerrona al cantante colombiano donde lo esperaba junto a
Estefan y Chirino para arrinconarlo con propuestas espurias que
desnaturalizarían el carácter de un concierto que el propio Juanes
pidió fuera "blanco", sin alusiones políticas de ningún tipo.
Precisamente este era el punto que Alarcón, Chirino y Estefan
querían violar groseramente.
Hay que recordar cómo el 18 de agosto el propio Chirino injuriaba
a los cubanos que viven en la Isla, denostaba a Silvio Rodríguez y
Amaury Pérez, y acusaba a Juanes de practicar una doble moral.
El propio diario floridano le recuerda a Chirino que compuso una
canción para ayudar a sufragar los gastos de la connotada
organización terrorista Hermanos al Rescate.
Por su parte, en el mismo reporte, Estefan dice que "el embargo
lo tiene Cuba contra los artistas cubanos de Miami (...) El
verdadero bloqueo es de parte de ellos hacia nosotros". Si no fueran
tantas las muestras de intolerante fanatismo de quien lo afirma, tal
declaración moviera a risa.
El Miami de Estefan es el escenario donde un cuadro de Manuel
Mendive fue quemado en el mejor estilo nazi, amenazaron con
dinamitar un hotel por organizar una velada en honor a Rosita Fornés
y repudiaron lo mismo a Pío Leyva a las puertas de un centro
nocturno que a Paulito FG al anunciar una serie de conciertos.
El odio se ha hecho extensivo incluso a otras figuras. El 13 de
septiembre del 2000, en ocasión de celebrarse en Miami la ceremonia
de los Grammy Latinos, el célebre salsero Willie Colón dio a conocer
un elocuente comunicado en el que decía:
"Tarde en mi carrera conocí la censura y la marginación por no
ser completamente sumiso a la voluntad de nuestros nuevos amos.
Mientras varios de mis compatriotas, como Andy Montañez y amigas
como Verónica Castro fueron descaradamente boicoteados por visitar a
Cuba o fraternizar con cubanos de la Isla, otros como este servidor,
que cometieron delitos menores como atacar al general Pinochet en
una canción parodia, fuimos puestos en una lista negra donde se nos
cerraron todas las puertas. Gloria Estefan y su esposo se
convirtieron en la punta de lanza de esta mafia cubana".
A su modo, Alarcón, Chirino, Estefan, Sandoval y los asalariados
de El Nuevo Herald también se situaron al volante del cilindro
aplanador. Aunque a decir verdad, los hechos han demostrado que
ellos son los que han sido aplastados espiritualmente por una
realidad que se ha abierto paso ante los ojos y oídos del mundo.