La Televisión Cubana mostró en un reportaje las reacciones
retrógradas de algunos personajillos en torno al Concierto y entre
ellos a uno de esos que prefirieron cobijarse bajo el ala del ave de
rapiña imperial y renegar de un lugar privilegiado en su tierra,
cambiando los oropeles que le concedió la mafia miamense —siempre
que tocara su partitura ideológica reaccionaria— por la simpatía que
tenía entre su pueblo.
La admiración musical que se sentía en Cuba por Arturo Sandoval
se trocó en decepción por el camino escogido de la deserción, hace
ya algunos lustros, y repudio por sus mentiras y servilismo.
Ese que se quejaba ante las cámaras miamenses de la "represión"
que sufrió en Cuba por su amor al jazz, hace piruetas en el tiempo.
Nunca se ha ocultado, y ha sido parte del proceso rectificador
revolucionario, que en un pequeño lapso de medidas erróneas, se
aplicaron estrechas concepciones en algunos ámbitos culturales, pero
de eso a ser detenido y encarcelado por una inclinación musical es
más que una exageración extemporánea, una flagrante mentira.
Este músico suprime en sus plañideras quejas contra el concierto
internacional que en Cuba fue figura destacada en Irakere, que formó
su propio grupo y tuvo peña propia en el Teatro Karl Marx; que viajó
por el mundo constantemente y fue eje organizador de varios
Festivales Jazz Plaza; que en su cómoda casa capitalina se reunía
gente relevante de diversos ámbitos, no solo de la cultura; que era
de los que en tiempos donde la divisa no estaba autorizada a
circular libremente en Cuba, él compraba en dólares en el gran
mercado de Quinta y 42 sin que nadie lo molestara...
Lamento tanto la memoria tergiversadora y oportunista de este
personaje, al que estuve ligado en un periodo de mi vida
periodística por mi afición al jazz, que me gustaría que se
conociera que ese "reprimido" fue militante del Partido Comunista de
Cuba (como lo era su esposa), al que no se llega sin entrega
voluntaria y compromiso con la sociedad.
A este sujeto no solo se le agotó el combustible de la simulación
cuando decidió desertar durante una gira por Italia, formando parte
de la Orquesta de las Naciones Unidas comandada por Dizzy Gillespie,
víctima también de sus engaños y manipulación.
También se prestó a una campaña mediática montada en su entorno,
cuando elementos no bien identificados —¿FBI? ¿CIA?— le hicieron
llegar a Miami al mismo tiempo que trasladaban a su esposa e hijo
desde Londres —donde le esperaban para sus presentaciones en el
Ronnie Scott¢ s Club— y allí armar un penoso espectáculo anticubano.
Este mismo fue el trompetista que tocó los himnos de EE.UU. y
Cuba frente a la casa donde la parentela tenía secuestrado a Elián
en Miami.
Habría muchas cosas más que decir, pero él no vale la pena ni con
sus cuatro Grammy. Entre joyas gráficas que poseo hay históricas que
el propio "reprimido" me facilitó ya que presenció y participó en un
encuentro sostenido en La Habana entre Dizzy Gillespie y Fidel
Castro. ¿Habrá mencionado alguna vez ese episodio a los benefactores
de sus mentiras?