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Las patrullas campesinas de Alta Gracia
José Antonio Torres
El aviso llegó alrededor del mediodía; la mayoría de los
cooperativistas estaba en sus faenas. De inmediato activamos varias
patrullas de vigilancia campesina y nos quedamos a la espera. Los
malhechores merodeaban el potrero.
Para
Pastora, en la lucha contra el delito, el límite lo pone la
vergüenza, el deber social.
Todavía contrariado, Fidel Vázquez, presidente de la CPA Sabino
Pupo, de la localidad montañosa de Alta Gracia, inclina el taburete
y prosigue su historia: "Ya bien entrada la noche cerramos el cerco.
Hicimos las señales y dimos el alto. Ellos intentaron darse a la
fuga, pero era tarde. La coordinación de todos los factores de la
zona del litoral del Parque Baconao y el macizo de la Gran Piedra
impidió el hurto y sacrificio de dos caballos y un mulo de los que
tenemos para sacar las producciones de los riscos y arriar el ganado
en una zona de pendientes muy elevadas".
Lo que les cuento, dice Fidel, es una de las acciones que nos ha
permitido, desde la fundación de la cooperativa —el 12 de julio de
1979—, estar libres del hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor.
EL LÍMITE LO PONE LA VERGÕENZA,
EL DEBER SOCIAL
"Por lo general llevaban el ganado hasta las proximidades de la
ciudad de Santiago de Cuba, donde lo sacrificaban y comercializaban
ilegalmente.
Prevenir
el delito tiene un impacto productivo y moral en la CPA de Alta
Gracia.
"Estamos a 20 kilómetros del punto más próximo a la carretera.
Por eso utilizaban la aparente soledad de estas lomas para cometer
sus fechorías; algo en lo que se equivocan, pues aquí estamos
nosotros, que es lo mismo que decir la Revolución, para prevenir el
delito", añade Pastora Álvarez, una de las diez mujeres que integran
el destacamento.
"Cuidar nuestras producciones no es fácil; tenemos 75 caballerías
de tierras dedicadas en lo fundamental a los frutales, el café, la
ganadería y los cultivos varios. Nuestro rebaño lo integran unas 180
reses", cuenta Pastora.
"Todos los días conciliamos las tareas productivas y las de
vigilancia también. Aquí nada lo dejamos a la improvisación.
"Para incorporar un mulo a la producción hay que esperar cerca de
tres años. En la montaña hay que tener las cuentas claras, saber lo
que cuesta cada cosa, ya sea un animal de corral, una cerca que te
piquen, nuestras aves, las vacas que garantizan la leche fresca a
los niños; todo es importante".
Cada
tarde, en la Sabino Pupo se discuten las incidencias; también
concilian las tareas productivas y de vigilancia.
Manuel Despaigne, el jefe de la zona de defensa, afirma que si no
fuera por los hombres y mujeres de la Sabino Pupo hubiese sido
imposible esclarecer más de 20 casos.
Lo esencial es la labor preventiva. Corrobora además que por
dondequiera que camine una persona extraña —y ande en malos pasos—
ahí está la cooperativa de Alta Gracia, desafiando el peligro,
garantizando la tranquilidad de las familias campesinas.
Asegura que este es un ejemplo de lo que hay que hacer; de la
sistematicidad que requiere el tema de la vigilancia; de vincular
las patrullas a las áreas de producción.
LA EXPERIENCIA SE MULTIPLICA,
CRECE
En Santiago de Cuba esta experiencia se multiplica, crece. La
ANAP reactivó 36 destacamentos de vigilancia campesina para prevenir
el delito y contrarrestar las ilegalidades dentro de las áreas que
conforman el patrimonio del movimiento cooperativo local y las
comunidades colindantes.
El
hurto y sacrificio de 56 animales durante el 2009, refleja cuánto
resta por hacer en Santiago de Cuba.
Las patrullas de orden público tienen entre sus prioridades
enfrentar las infracciones de lo legislado en las 341 CPA y CSC del
territorio, además de salvaguardar las producciones agropecuarias y
proteger los bienes de los nuevos propietarios acogidos a la entrega
de tierras en usufructo.
El movimiento cooperativo y campesino santiaguero dispone del 56%
del total de las reses y responde por el 51% de la leche fresca que
se produce en la provincia. De ahí la importancia de preservar sus
bienes.
Eugenio Muñoz Ortiz, miembro del Buró Provincial de la ANAP,
aseguró que se ha elevado el control, no obstante, este no es un
problema resuelto; en el sector privado se concentra el 74% de las
pérdidas, lo que afecta el propósito de reproducir la masa ganadera
y elevar la entrega de leche fresca a las bodegas, concepto por el
cual se han dejado de consumir en el territorio unas 300 toneladas
de leche en polvo.
El hurto y sacrificio de 56 animales durante el 2009, refleja
cuánto resta por hacer en Santiago de Cuba, donde 398 bodegas
reciben leche fresca y otras 96 están a punto de incorporarse.
Hoy cobra adeptos el concepto de que para revertir la situación
no basta con endurecer las sanciones previstas en el Código Penal
contra el hurto y el sacrificio ilegal de ganado mayor.
En breve se activarán otros 14 destacamentos en zonas proclives a
la actividad delictiva, aunque lo más importante es que los
afiliados comprendan que en términos económicos cuidar, ahorrar y
controlar, vale tanto como producir alimentos.
El trabajo conjunto con la PNR y el resto de los factores
contribuye a elevar el esclarecimiento de los casos.
Proteger los recursos y las producciones figura entre las
prioridades de los 27 000 anapistas santiagueros, quienes aportan el
95% de los frutales, el 94,2% de los granos, el 80% de las
hortalizas, el 74% de las viandas, más de la mitad de la carne de
cerdo y casi la totalidad del café y la miel de abeja. |