Cuando 82 años atrás abrió los ojos, el destino le reservó el rol
de representar a las clases más humildes y explotadas de la tierra.
Sin titubear se enroló en la lucha contra el tirano Fulgencio
Batista que llegó al poder en Cuba el fatídico10 de marzo de 1952
mediante un golpe de estado para implantar una de las más feroces
dictaduras que recuerda la historia en el continente.
Mulato, de numerosa familia de 12 hermanos, el joven Juan, nombre
común de corazón inquieto y sensibilidad humana apostó su suerte por
la rebeldía y la lucha para que equidad y justicia marcharan de la
mano.
Y fue a la madrugada de la Santa Ana, por la posta número tres en
los carnavales santiagueros con Fidel, Abel, Raúl, Haydeé, Renato,
Boris, Melba, Mario, José Luis y los demás.
Sufrió el no poder traspasar los muros de la fortaleza, y junto a
los pocos sobrevivientes de la carnicería del Moncada, enfrentó la
cárcel y el exilio, nacimiento de La Lupe.y la nación azteca.
Expedicionario en el Granma de los libres o mártires, fusil,
cantimplora, canana y papel para apuntes, diarios y canciones que le
acompañaron hasta ahora mismo.
Aquí no se rinde nadie y la palabrota cubana, Alegría de Pío y el
Uvero, heridas en carne y la sangre por siempre en el suelo de la
Patria.
El Tercer Frente con nombre del médico amigo, batallas decisivas,
Santiago de Cuba en Revolución, enero y La Habana, el Ejército
Central, los bandidos que no querían la luz del sol para los
cubanos.
Revolucionario y artista en las buenas y en las malas,
dicharachero, sonriente, fiel, humano.
Más de 300 canciones, una docena de libros, responsabilidades
inexcusables, compromisos urgentes, no alcanzan las líneas para el
recuento en la vida de un hombre.
Juan Almeida Bosque, cerró los ojos porque es inherente a los
seres humanos, merece, y cito a un joven repentista:
"un milenio de ovaciones y no un minuto de silencio." (