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No dejar que nos sorprenda el majá
Del surco a la mesa, urge superar un escollo:
cómo distribuir a tiempo y en forma las cosechas que tantos
esfuerzos demandan. Un campesino habanero, con proverbial sabiduría,
resumió en una frase de criollísimo linaje la médula del asunto:
Juan Varela Pérez y Pedro
de la Hoz
juan.pvp@granma.cip.cu
pedro.hg@granma.cip.cu
Los agricultores, cuando son de ley, tienen vergüenza. Mucha
gente de campo que labora en las fértiles tierras habaneras
sintieron un corrientazo de dolor cuando en los últimos días de
julio y buena parte de agosto afrontaron una situación que no podían
concebir: el deterioro de considerables volúmenes de viandas y
hortalizas en naves y patios de las unidades comercializadoras, en
las empresas, debido a demoras en su extracción por parte de quienes
debían encaminar la mercancía hacia los centros urbanos,
principalmente la capital del país.
La
respuesta productiva no se ha hecho esperar: los agricultores de la
provincia habanera han incrementado sus entregas al Estado. Falta
entonces una respuesta idéntica de los encargados de llevar la
mercancía al consumidor.
Dolió mucho más saber que aquello contradecía de manera flagrante
la voluntad política del Estado socialista. "Aquí comentábamos los
discursos de Raúl en el acto del 26 en Holguín y luego en la
Asamblea Nacional; nos sentíamos compulsados a darlo todo para
cumplir con lo que nos estaba pidiendo, y mientras tanto veíamos que
no había respuesta para trasladar el acopio hacia su destino",
recuerda Alcides Román, estibador y secretario de la sección
sindical del colectivo de la unidad comercializadora de Alquízar.
Un veterano productor de Güira de Melena, Juanito Alfonso
Martínez, cuenta lo suyo: "Es del cará ver que has dejado el lomo en
el surco, de sol a sol, cinco o seis meses, para nada. Si yo fuera
egoísta y pensara solo en mí, diría: total, me van a pagar lo mismo
por mi producción. Pero uno no es así; uno se debe a Fidel, a Raúl,
al pueblo, y uno quiere que la comida llegue a ese pueblo. Y como yo
pienso, pensamos muchos".
Los
trabajadores de la empresa de Alquízar decidieron ellos mismos
cargar el plátano.
Así lo corroboró el equipo de redactores y fotorreporteros de
Granma que recorrió el último fin de semana empresas y campos de
Quivicán, Batabanó, Güira de Melena y Alquízar.
DISEÑO LÓGICO, TROPIEZOS EN LA PRÁCTICA
Todo tuvo su origen en la reciente reformulación de los
mecanismos que eslabonan la cadena que une la producción con la
distribución de los renglones agrícolas en el territorio habanero.
Heredio
Govín, director de la empresa de Quivicán, coincide en que no hubo
una preparación adecuada para la puesta en marcha del nuevo sistema
de distribución y comercialización.
Se partió de un diseño impecable por su lógica. A los
trabajadores y campesinos, a partir de sus respectivas
organizaciones productivas, les corresponde cultivar y cosechar
sobre la base de aprovechar al máximo la tierra, elevar los
rendimientos, disminuir las pérdidas; en una palabra, aportar
cantidades y calidades con eficiencia.
Las empresas deben concentrarse en la contratación de las
producciones y en la prestación de servicios a los productores.
Exigirá volúmenes, diversidad y calidad, y pagará por ello de
acuerdo con los resultados. Y tendrá a su cargo la relación con los
distribuidores, es decir, la venta mayorista para la distribución,
tarea encargada al Ministerio de Comercio Interior (MINCIN).
Juanito
Alfonso Martínez, uno de los mejores cosecheros de Güira, afirma:
“La cuestión no es solo trabajar, sino saber trabajar”.
Este asume las funciones comerciales que antes ejercían las
entidades de Acopio. Su misión es llevar lo cosechado desde los
puntos de recepción en los municipios hasta los mercados y placitas.
Sin embargo, en los puntos visitados constatamos opiniones
coincidentes acerca de cómo la realidad no cumplió en un inicio con
las expectativas de un diseño que prefiguraba la puesta en marcha de
un aceitado mecanismo.
En no pocas ocasiones el flujo del transporte fue intermitente y
se dieron casos de camiones que permanecieron cargados una semana o
más a la espera de que les indicaran adónde llevar el producto.
Lázaro
Lemus explica los avatares sufridos por las demoras en la extracción
de los productos en la Unidad Comercializadora de Batabanó.
La indefinición en el destino de los envíos incidió en los
retrasos de la distribución y originó pérdidas significativas, tanto
en las Unidades Empresariales de Base de Comercialización de
Productos Agropecuarios adscritas a las empresas de Cultivos Varios,
como en los puntos de destino; así sucedió con el plátano aporreado
y ennegrecido. Al perder calidad, su precio es mucho menor al que la
empresa pagó al productor y resulta casi insignificante si, debido a
su deterioro, se le vende a porcino, lo cual repercute negativamente
en la entidad.
Todo parece indicar que la organización del MINCIN no estaba
suficientemente preparada para cumplir con la encomienda. Obreros,
campesinos y dirigentes de las empresas visitadas estuvieron de
acuerdo en señalar cómo el reordenamiento de funciones respondía a
una necesidad ineludible en aras de la eficiencia del sistema, pero
también cuestionaron las imprevisiones e improvisaciones al ponerlo
en práctica. Incluso algunos de los entrevistados no tienen aún bien
definidas las virtudes y posibilidades del nuevo sistema.
Para
que el ajo llegue a la población no solo hace falta almacenarlo como
se debe, sino distribuirlo oportunamente.
Un aspecto adicional, y de no poca monta, les preocupa: el
retorno de cajas y sacos. Sencillamente no regresan. De momento
nadie responde por ello. Jorge Luis Verde, de la unidad empresarial
de base de comercialización de Quivicán, tiene sus criterios: al no
pertenecer ya los choferes a la empresa, y venir uno hoy y otro
mañana, no hay en ellos preocupación ni les estimula el regreso y
conservación de los envases; esto origina serias complicaciones
financieras dado el costo de los mismos.
"No se trata de culpar a nadie —puntualizan Tomás Rafael
Rodríguez y Arturo Varona Téllez, jefes de producción de las
empresas de Güira de Melena y Batabanó, respectivamente—, sino de
corregir el tiro. En el último mes tuvimos como promedio diario 200
toneladas, y hasta más, listas para embarcar en nuestros puntos de
recepción y entrega. En honor a la verdad, la extracción se ha ido
mejorando sobre la marcha. Lo que no se puede es frenar a las
fuerzas productivas".
El
empresario alquizareño Félix Villar es testigo de la voluntad
política y el compromiso moral de la mayoría de los agricultores.
Sobre los alentadores resultados en la producción, Tomás apuntó:
tenemos campesinos con rendimientos de 51 toneladas por hectárea de
boniato, 34 de papa, 42 de zanahoria, índices que pueden elevarse. Y
estamos tomándonos muy a pecho la necesidad de sustituir
importaciones de granos y arroz.
Vivencias empresariales
Algo similar sucedió en la empresa agropecuaria Quivicán. Heredio
Govín González, director técnico y de desarrollo, considera que el
reto ahora es prepararse y crear las condiciones para la campaña de
frío, cuando se junten varias cosechas, y evitar se repita lo
sucedido en agosto —el mejor de los últimos años en cuanto a
volumen— mes en que el 10% de lo acopiado no llegó a la población.
La organización empresarial de Alquízar vive dos realidades a la
vez. Se trata de una entidad administrada por el Ejército Juvenil
del Trabajo. Una pequeña flota de vehículos de carga suministra
directamente productos a 12 mercados (10 de ellos en la capital) que
el pueblo identifica como los del EJT, en los cuales el precio
minorista es menor a los de otros mercados estatales. Es una
operación que se lleva a cabo diariamente. La mercancía llega fresca
al consumidor.
Pero ese es el destino de solo una parte de su producción. Los
reporteros fuimos testigos de una escena elocuente.
Un camión contratado por el MINCIN llegó al patio de la unidad
comercializadora, rebosada de racimos de plátanos. Era tarde de
sábado y como no estaban los estibadores de Comercio Interior, el
chofer dispuso regresar vacío a la capital.
La respuesta política de los trabajadores de la unidad no se hizo
esperar: "Nosotros te lo vamos a cargar". Lázaro Onelio Cruz,
responsable de la unidad, no tuvo que hablar mucho con su gente para
poner manos a la obra.
"Yo llevo 38 años en la agricultura y he recibido, con razón,
palos de todos los colores —confiesa Félix Villar, subdirector de la
empresa alquizareña—; pero esta vez les digo que aquí se ha
reaccionado como nunca antes. El mérito es de los productores.
Cuando después de los huracanes del año pasado se les pidió un
esfuerzo extraordinario, cumplieron con los cultivos de ciclo corto
que cubrieron los mercados desabastecidos. Después se metieron a
fondo con la campaña de frío y se vieron los resultados. Cierto que
el Estado, aún en las difíciles circunstancias por las que atraviesa
el país, dio recursos, pero cierto también que trabajaron motivados
política y éticamente. Yo les puedo decir que nuestros campesinos y
obreros son gente de principios. En su mayoría apoyaron la lucha
contra la especulación y el trasiego ilegal de productos.
"Hemos mejorado —agregó— en lo que respecta a la rotación de los
cultivos, la explotación de la tierra y la aplicación consecuente de
las medidas agrotécnicas. Vamos hacia una mayor diversificación de
las viandas, hortalizas y frutales. Pero he oído hablar de una
teoría nefasta, que pretende justificar lo mal hecho: hay quienes
dicen, cuando ven que las naves de la unidad comercializadora están
a tope, que se produjo por encima de lo planificado. Óigame, en Cuba
es criminal hablar de excedentes productivos, cuando sabemos que hay
que zapatear la comida. Lo que hace falta es distribuirla y
comercializarla como se debe, con racionalidad, agilidad y
eficiencia. Lo político es producir más, y todavía, que yo sepa, no
producimos lo que el pueblo realmente necesita".
Algo por el estilo piensan Víctor Alfonso Díaz, presidente de la
Cooperativa de Créditos y Servicios Frank País, de Güira: "El Estado
da, por tanto debemos darle al Estado. Un productor que no actúe así
no se respeta. Vea mi caso. Con las semillas, el combustible y los
fertilizantes recibidos, he logrado en el último año cosechas que
han incrementado en un 25% mis ingresos. Y en ese tiempo le he
aportado a la empresa un 35% por encima de lo antes conseguido. De
tal manera ganamos todos. Pero la victoria no se alcanza sin una
correcta comercialización".
EN LA LÍNEA PRODUCTIVA
Igual criterio sustenta Pedro Ariel Beltrán, de la CCS Nicomedes
Corvo, de Quivicán. Destaca la mejoría en los pagos —no demoran 10
días como promedio— y afirma que a ese esfuerzo del Estado "debemos
responder utilizando en forma óptima los recursos que nos entregan".
El ingeniero Carlos Delgado, especialista en viandas de la
empresa Batabanó, reconoce que hacía años La Habana no disponía de
un programa de aseguramiento como en el 2008 y lo que va de este.
Por eso es inadmisible que tal esfuerzo, en medio de las
limitaciones económicas que tiene el país, no tenga el resultado que
se espera: la satisfacción de nuestro pueblo.
Juanito Alfonso Martínez asegura que las reservas productivas de
los agricultores habaneros están aún por explotarse: "La cuestión no
es solo trabajar, sino saber trabajar. Pero así como en la tierra
debemos anticiparnos a lo que va a pasar —planificar las labores,
jugarle cabeza a la lluvia, no desperdiciar fuerza de trabajo—, en
todo el sistema se impone una misma filosofía. Yo aprendí un dicho
con los viejos: clava el machete en la tierra antes de que pase el
majá; no dejes que el majá te sorprenda". |