.— El sacerdote
franciscano Andrés Tamayo denunció intentos del gobierno de facto de
expulsarlo de Honduras por su participación en las luchas populares
por la recuperación del estado de derecho.
El padre Tamayo precisó que el pasado miércoles funcionarios de
Inmigración le informaron que había sido anulada su acta de
naturalización obtenida tras 22 años de residencia en el país.
Agregó que también la jerarquía católica lo privó de su parroquia
en la ciudad de Salamá, en el nororiental departamento de Olancho,
de la cual se encuentra ausente hace una semana.
El religioso es originario de El Salvador, pero ha realizado toda
su vida misionera en Honduras, en estrecha unión con los sectores
humildes del país, donde también desarrolla una intensa actividad en
defensa de la naturaleza.
La iglesia prohíbe que yo siga caminando con el pueblo, afirmó
ayer en una asamblea del Frente Nacional contra el golpe de Estado,
una vasta alianza de fuerzas progresistas creada tras la asonada
castrense del 28 de junio pasado.
Uno de los acuerdos del encuentro, de carácter nacional, es
mantener una solidaridad activa con el sacerdote para evitar sea
expulsado del país.
Estoy en las manos del pueblo, soy del pueblo y seguiré caminando
con el pueblo, dijo el padre Tamayo.