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La Bella Durmiente, otro cuento para bailar
TONI PIÑERA
Entre
los grandes clásicos del ballet está, sin lugar a dudas, La bella
durmiente, que tiene como apoyatura musical una de las más
brillantes partituras escritas por Chaikovski para la danza, amén de
que representa a la perfección el estilo de Marius Petipá dentro del
clasicismo. El famoso cuento pasó con éxito otra temporada del BNC
en la sala García Lorca del GTH.
Algo
que conmueve y llama la atención de espectador y crítica, es la
capacidad de la compañía cubana de renovarse a cada instante, de dar
fruto en todas las épocas del año y entregar bailarines que ponen en
alto el nombre de una institución, una escuela, una nación. En cada
temporada surgen nuevos talentos, ellos indican que sigue la
tradición. En esta ocasión varios artistas se "estrenaron" como
primeros bailarines, bailarines principales, primeros solistas...
Valgan aquí algunos apuntes.
PRIMER APUNTE
Excelentes bailarines ganan cada día en la escena, el derecho de
entrar en la historia del ballet. No son legiones. Cuán breve el
número de los que son capaces de hacer época. Esos son la llama
misma de la danza. Para quien sea capaz de lograrlo, honor, y en
nuestro ballet un compromiso imponente se suma por el singular
magisterio, la maravilla creativa que desborda la leyenda viva de
nuestra Alicia Alonso, época de épocas. Ascender en esta profesión
cuesta mucho.
SEGUNDO APUNTE
La indiscutible excelente bailarina que es Viengsay Valdés y
Elier Bourzac en la apertura de la temporada entregaron una pareja
muy dúctil, que conmovió, y además enseñó niveles técnicos y de
baile permeados de brillantez. El binomio Anette Delgado-Javier
Torres, en la princesa Aurora y el príncipe Desiré, respectivamente
dejaron una agradable estela en su paso por la escena. Anette se
entregó en cuerpo y alma: más que interpretar con excelencia un
papel ya clásico en nuestra compañía, llegó a escribir poesía en la
unión de la danza con la música. Javier Torres salpicó al personaje
con matices de melancolía, dramatismo y bravura, que junto a su
porte, fue un Desiré rayano en lo perfecto. Bárbara García regaló
una deliciosa Aurora; no caben dudas que dada su trayectoria en la
danza constituye un referente importante para el resto de los
noveles bailarines. A su lado, Ernesto Álvarez no defraudó en su
protagónico, y aunque en el tiempo ha demostrado tener buenas
condiciones técnicas, a ellas debe sumarles ese extra, un ataque más
brioso que no estuvo presente en esta función.
Aquí debemos significar una hermosa pareja, simbiosis más bien
que trajo a una sublime Sadaise Arencibia, quien matizó a su
personaje con un fraseo lírico, armonioso y personal, junto a
Alejandro Virelles, enérgico, atento al más simple detalle como
acompañante.
El cuerpo de baile se observó poco homogéneo, y por instantes
ajenos al devenir de la historia sobre la escena, en algunos pasajes
de la obra, y la Orquesta Sinfónica del GTH dirigida por el maestro
Giovanni Duarte, estuvo bastante afinada en estas funciones para
alegría de todos.
TERCER APUNTE
El público debe comprender que nada aporta a sus bailarines con
gritos y aplausos a destiempo, porque desconcentran y sacan del
personaje a los artistas y les afecta en su baile, como sucedió en
no pocas ocasiones en estos días. Es halagador para ellos, sentir el
poderío estimulante de una respiración entrecortada que promete, y
al final (solo al final) el atronador regalo del aplauso que corona
el trabajo. |
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