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Ecuador será declarado este martes país sin iletrados por la
Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO), luego de dos años de esfuerzos y la alfabetización
de unas 420 mil personas.
La ceremonia oficial se efectuará en la provincia de Manta, a
pocos días de cumplirse los dos años del 14 de agosto de 2007,
cuando el presidente Rafael Correa se puso la meta de reducir el
índice de analfabetismo existente en esa fecha, del 9,3 por ciento
de ecuatorianos iletrados mayores de 15 años.
El programa se oficializó días después en Monjas, provincia de
Chimborazo y en la actualidad se ha comprobado una reducción de casi
siete puntos porcentuales, quedando sólo el 2,7 por ciento de la
población aún sin saber leer y escribir.
Según la UNESCO, un país está listo para solicitar esta
declaratoria a escala internacional cuando su población analfabeta
no supera el 3,9 por ciento del total de habitantes.
Mery Gavilanes, directora nacional de Educación Popular y
Permanente del Ministerio de Educación, explicó a medios de prensa
que en provincias como Chimborazo, Cotopaxi, Bolívar y Manabí había
un 19 por ciento de personas analfabetas, cuando comenzó la campaña.
Para el mejor desarrollo de la misma, precisó, se crearon cinco
subprogramas: Manuela Sáenz, dirigido a la población mestiza;
Dolores Cacuango, para comunidades indígenas y campesinas; Voluntad,
para reclusos; Cordón fronterizo, para habitantes de ese sector, y
de Capacidades diferentes, para discapacitados.
En las áreas rurales se contrató a 12 mil alfabetizadores. Sin
embargo, el programa incluyó a 190 mil estudiantes secundarios, cuya
labor de enseñanza a iletrados se convirtió en requisito para la
obtención de su título de bachiller.
El programa Manuela Sáenz enseñó a la población mestiza con
material en español y se entregaron 500 mil libros a escala
nacional; el Dolores Cacuango sólo educó en kichwa, pero está en
proceso la elaboración de materiales en otros idiomas maternos (shuar,
por ejemplo), para diferentes nacionalidades.
Voluntad, se desarrolló en 34 centros de rehabilitación social
del país; Cordón Fronterizo fue encaminado a las nueve provincias
ubicadas en zonas limítrofes con Perú y Colombia, y en el caso de
las personas con deficiencia visual se les estimuló con material
didáctico de lecto-escritura, con el ábaco y en el sistema Braille.