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De la prensa extranjera
Coltán, el futuro insostenible
DAVID BOLLERO
"Se trata del futuro. Muy pronto quien no tenga coltán no tendrá
nada que hacer en la industria de las telecomunicaciones [...] Quien
controle el Congo, controlará el mercado". Así describe el
protagonista de Coltán, la novela de Alberto Vázquez-Figueroa, la
importancia de este material al que se atribuye el origen de las
guerras étnicas de África Central, que ya han causado más de cinco
millones de muertos.
Un
minero congoleño lava el material que baja por el curso de un arroyo
en busca de minerales.
En realidad, no se trata de un mineral sino de una mezcla formada
por columbita y tantalita (el nombre es una contracción de ambos,
col-tan); precisamente este último, el tantalio, una vez separado,
es el que le otorga tan extraordinario valor. Rosario Lunar,
catedrática de Yacimientos Minerales de la Facultad de Ciencias
Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, y su colega
Jesús Martínez Frías, son dos de los mayores expertos en coltán de
España. Sus estudios reflejan cómo las propiedades del tantalio han
contribuido al progreso de la industria electrónica. La
superconductividad, su carácter ultrarrefractario (capaz de soportar
temperaturas muy elevadas se funde a los 2 996° C), su capacidad
para almacenar carga eléctrica temporal y liberarla cuando se
necesita, y su alta resistencia a la corrosión, lo han convertido en
un material imprescindible para la fabricación y miniaturización de
condensadores para teléfonos móviles, ordenadores, pantallas,
sistemas GPS, satélites o armas teledirigidas.
La dependencia de este compuesto es tal, que Vázquez-Figueroa
asegura que "hemos construido el futuro destruyendo los puentes del
pasado, porque si se agotan las reservas ¿cómo regresaremos a los
teléfonos móviles de maleta o a los enormes monitores, y cómo
volarán los aviones sin sistemas de navegación?".
LAS RESERVAS ACUMULADAS
Los principales yacimientos de coltán se encuentran en la
República Democrática del Congo, que acumula el 80% de las reservas
mundiales, seguida de Australia con un 10%, y de Tailandia y Brasil
con un 5% cada uno. Aunque los yacimientos también se encuentran
asociados a granitos alcalinos y minerales relacionados: cuarzo o
feldespatos, la mayor parte de la explotación se practica en los
depósitos aluviales puesto que su recuperación es mucho más
sencilla, pudiéndose emplear para ello utensilios de madera. Esta ha
sido, precisamente, la causa de la explotación infantil: se estima
que por cada kilo de coltán han muerto entre dos y tres niños. El
kilo de coltán se pagaba al minero en el 2000 y el 2001, los años
del boom, a cuatro o cinco dólares, (alrededor de tres euros). Hoy
se paga a dos dólares, (menos de un euro y medio). El precio en el
mercado internacional en el 2000 era de hasta 600 dólares el kilo
(421 euros), pero ha caído hasta los 400 dólares (280 euros).
Según los últimos datos ofrecidos por el Gobierno congoleño, en
el 2007 se exportaron cerca de 428 toneladas de coltán de la región
de Kivu, y solo en la primera mitad del 2008 casi 271 toneladas. Con
las 428 toneladas del 2007 pudieron extraerse cerca de 116 toneladas
de tantalio.
La profesora Rosario Lunar indica que aún hay mucho por avanzar
en la investigación del coltán: solo hay un estudio específico sobre
este compuesto, fechado en el 2002, si bien existen 183 referencias
de estudios sobre tantalita y 474 sobre columbita. La importancia de
estos estudios es básica, puesto que servirán para identificar los
afloramientos geológicos de procedencia, ayudando de este modo a
controlar su tráfico ilegal. Se estima que Ruanda obtiene alrededor
de 14 millones de euros al mes con el tráfico ilegal de coltán.
MÚLTIPLES CONSECUENCIAS
Aunque la explotación infantil y el genocidio son los problemas
más acuciantes en el conflicto del coltán, no hay que olvidar el
impacto ambiental. El Congo alberga, después del Amazonas, el
segundo pulmón más grande del mundo, con 100 millones de hectáreas
de selva y el 70% del agua dulce de África. Según Greenpeace, los
bosques de África Central retienen el 8% del carbono almacenado en
el planeta, por lo que su deforestación liberaría 34 400 millones de
toneladas de dióxido de carbono (CO2), 65 veces las emisiones de
España en un año.
Pero la deforestación parece inevitable, no solo para acceder a
los yacimientos sino, además, para aprovechar la madera con objeto
de acomodar a los mineros, usar la leña para cocinar y calentar,
utilizar la corteza para fabricar las bandejas con las que se lava
el coltán y las lianas para transportarlo.
La fauna también sufre las consecuencias. En el 2006, el Gobierno
congoleño otorgó nuevas concesiones mineras. El resultado, tras los
sondeos y la deforestación asociada, fue la migración de buena parte
de los elefantes a Zambia. Según la organización de conservación
Wildlife Direct, la población de elefantes ha disminuido un 80% en
los últimos 50 años, pasando de los cerca de 100 000 elefantes en
1950 a los actuales 20 000. Entre 1995 y 1999 se mataron 4 000
ejemplares.
MINEROS CONTRA GORILAS
Uno de los parques naturales más castigados es el de Kahuzi-Biega,
en Kivu sur, donde se encuentra el hábitat del gorila de montaña. En
este parque la población se ha visto prácticamente reducida a la
mitad, pasando de 258 ejemplares a 130, según la Fundación Dian
Fossey. Las causas son la escasez de comida y la caza furtiva para
alimentar a los mineros. Según el Programa de Medio Ambiente de
Naciones Unidas, en los ocho parques del Congo la población de
gorilas ha descendido a un alarmante 90%. Hoy apenas quedan 3 000
ejemplares.
La comunidad internacional no es ajena a los problemas, pero los
intereses comerciales son tan fuertes que hasta la fecha todas las
medidas han quedado en papel mojado. Ya en el 2001, el Consejo de
Seguridad de la ONU subrayaba que "el papel del sector privado en la
explotación de los recursos naturales y en la continuidad de la
guerra ha sido determinante. Un número de compañías han estado
implicadas y han impulsado la guerra directamente. Otras han
facilitado acceso a recursos financieros que han sido empleados para
la compra de armas". El Consejo de seguridad llegó a establecer un
embargo a la importación y exportación de recursos ligados a estas
actividades, so pena de sanciones que nunca se han aplicado.
Las últimas propuestas quieren introducir sistemas de
trazabilidad y certificación. El año pasado, el ministro de Minas
del Congo, Victor Kasongo, aseguró que para el 2009 el Gobierno
dispondría de un mapa de la producción de coltán en el país. La idea
que subyace es marcar la trazabilidad del coltán para incidir en la
ética de fabricantes y consumidores, estos "podrán ver muchos de sus
dispositivos, muchos iPod, con la certificación que prueba el
comercio justo", señaló el Ministro.
El objetivo es contar, según Kasongo, con "licencias, control
centralizado, certificación, más beneficios, paz y estabilidad para
el Congo".
Por el momento, algunos fabricantes de electrónica, dentro de sus
políticas de responsabilidad social corporativa, ya exigen a sus
proveedores que el coltán no proceda del Congo, tal y como solicitó
en el 2001 la ONU. Es el caso de Nokia o Apple, que niegan que su
coltán y otros minerales como el cobalto procedan de conflictos
ilegales.
RECICLAR O BUSCAR OTROS MATERIALES
La industria de la electrónica busca alternativas al coltán.
Pero, tal y como señala Vázquez-Figueroa, "lo más aproximado es el
paladio, aunque no sea sustitutivo ni mucho menos". Entre Rusia y
Sudáfrica acaparan el 80% de las reservas mundiales de paladio. Al
hecho de que está lejos de reunir las mismas propiedades que el
coltán, se suma que también es muy escaso. Hace tres años la
producción mundial apenas alcanzaba las 200 toneladas. En cuanto al
reciclaje, Vázquez-Figueroa asegura que "únicamente se puede
aprovechar un 12% del coltán utilizado". En el caso de otros
minerales, el aprovechamiento es algo mayor, como el aluminio 33%,
el cobre 30% o el estaño 30-40%. El escritor sostiene que la mayor
parte de los móviles reciclados se llevan a Canadá, donde se realiza
una primera separación de componentes. Otro problema es la
contaminación producida por el reciclaje; por eso el coltán va a
parar a países pobres, donde no hay un control medioambiental.
(Del periódico Público. Tomado de Rebelión) |