De
un buen tiempo a esta parte, los días veraniegos de Europa y
Norteamérica están marcados por el jazz. Festivales casi siempre a
la intemperie, en carpas, plazas y anfiteatros, sin desdeñar
importantes teatros y centros nocturnos, cubren un impresionante
itinerario en el que públicos cada vez más exigentes y a la vez
abiertos, aprueban o desaprueban opciones musicales que van de las
formas más ortodoxas del género a los más imprevistos mestizajes,
donde caben desde las llamadas músicas del mundo hasta los bosquejos
experimentales de los sonidos que se avecinan.
En los carteles no han faltado en los últimos lustros artistas
cubanos. Pero uno que repite es Orlando Valle, Maraca, el flautista,
compositor y orquestador que tanto al frente de su banda Otra Visión
como con agrupaciones ocasionales, ha conquistado un espacio de
vanguardia que respetan por igual los más diversos auditorios como
la crítica.
Esta última temporada reafirmó esos valores en plazas revisitadas
y los hizo brillar en ámbitos inéditos en su trayectoria artística,
como fueron los casos de los festivales de Estambul (Turquía) y
Malta.
En la bella ciudad a orillas del Bósforo, la crítica lo ponderó
de la siguiente manera: "Considerado como uno de los nombres más
notorios de la música afrocubana, Maraca es altamente apreciado por
su ejecución espontánea, rítmicamente compleja, líricamente clara,
de una música emotiva que enlaza el jazz latino con los mejores
ritmos tropicales bailables".
Al llegar a Malta, las mayores expectativas del público estaban
enfocadas hacia el pianista Brad Mehldau, conocido por su
sofisticación intelectual y el guitarrista John Scofield, toda una
leyenda en la fusión con el rythm & blues, pero el cubano y
su banda se las arreglaron para enardecer al auditorio hasta límites
insospechados.
Con Cándido Fabré como invitado, una multitud enfebrecida hizo
que se prolongaran las chispeantes improvisaciones del carismático
sonero durante la presentación en el festival Les Nuit de Sud, en la
villa francesa de Vence, donde se llegó a comparar la entrega del
flautista y sus músicos con el espectáculo de la gran estrella
invitada, el brasileño Gilberto Gil. Maraca y Cándido fueron
presentados como "dos maestros de la salsa y el jazz latino reunidos
en un concierto con perfume cubano".
Al otro lado del Atlántico, la acogida en los festivales
canadienses de Edmonton, Calgary, Saskatoon, Medicine Hat y
Vancouver se reveló en la extensión de las presentaciones ante el
reclamo de los asistentes. En la última de dichas ciudades, el jazz
cubano dio que hablar puesto que en el programa figuró también el
gran Chucho Valdés con su quinteto. Maraca es de los que no olvida
que su proyección internacional comenzó a la vera del maestro en los
días gloriosos de Irakere.
Maraca no se detiene. En pocas horas partirá a tierras
colombianas donde lo esperan la próxima semana en el circuito de
festivales de Cali, Medellín y Barranquilla, en compañía de los
cubanos Reinaldo Melián (trompeta), Feliciano Arango (contrabajo),
Harold López Nussa (piano), Yussef Díaz (teclados) y Horacio
Hernández (batería), y los puertorriqueños Giovanni Hidalgo
(tumbadoras) y David Sánchez (saxofón).